CASPAR DAVID FRIEDICH (1774-1840).

Hola a todos.

Me gustaría empezar, por lo mucho que aprecio su obra, no con un ilustrador propiamente dicho, sino con un pintor del romanticismo alemán y comentando una de sus obras más significativas.

CASPAR DAVID FRIEDICH (1774-1840).

Pintor Romántico Alemán.

El caminante sobre el mar de nubes.

El caminante sobre el mar de nubes.

Cuadro: El caminante sobre el mar de nubes (1.817-18).

Se trata de una figura solitaria de espalda, que se suele identificar con el propio Friedich,  que contempla un magnífico paisaje nublado de montaña de la región de Sajonia (Alemania de sureste). Este tipo de composición, paisajes hermosos contemplados por figuras humanas desde posiciones elevadas, es muy del gusto de este autor y son varias sus obras con este tipo de encajes.

Este cuadro ha sufrido muchas interpretaciones a lo largo del tiempo, sin faltar las espirituales, políticas e incluso nacionalistas, además de las muy técnicas y académicas. Yo me limitaré a expresar brevemente mis sensaciones que seguro os parecerán mucho más naif y sencillas, propias de un ingenuo duende, claro. Vamos allá.

02-retrato

Retrato del autor.

Desde que conocí esta escena siempre me trae evocaciones de libertad, bienestar e, inevitablemente, tiendo a pensar que se trata de una excursión montañera de fin de semana. La figura principal se sitúa de espalda en el centro visual de la composición, reposando sobre una pierna adelantada y con el apoyo de un bastón;  después de un largo paseo con esfuerzo y sudor (claro, con la levita que me gasta) alcanza la cúspide rocosa y permanece extasiado en la contemplación del grandioso paisaje nublado. Veo al ser humano en comunión con esa generosa naturaleza, capturando el instante con todos sus sentidos, notando el viento fresco en su rostro y cabellos y “recargando pilas”, como se suele decir, como hacemos todos los domingueros de pro que aceptamos y disfrutamos de estos sencillos regalos de la vida.

En fin, el ser humano tiende siempre a elucubraciones sesudas: que si de dónde venimos, a dónde vamos, el sentido de la vida, y patatín y patatán, sin tener la certeza (ni tal vez, la capacidad)  de alcanzar algún día una respuesta lógica a estas profundas cuestiones. Bueno, que sí, que está bien filosofar, pero cada cosa en su tiempo y lugar. En esta obra este duende sólo quiere ver un hermoso y simple Carpe diem.  Y siempre que contemplo esta obra, por su sencilla composición y colorido, me viene, de forma recurrente, sensaciones optimistas y no puedo dejar de pensar: Che tú, ¡qué ganas tengo que lleguen las vacaciones!

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