LLUIS BAGARÍA (1882-1940).

Hola a todos.

Hoy nos adentraremos en un maravilloso universo inteligente de matices y sutilezas, sátira y psicología. Tengo el honor de presentaros al caricaturista más humano y admirado de toda la prensa gráfica española del siglo XX.

LLUIS BAGARÍA (1882-1940).

Ilustrador y caricaturistas catalán/español.

Lluis Bagaría (1910). Por Ramón Casas.

Lluis Bagaría (1910). Por Ramón Casas.

Algunas de las publicaciones gráficas en las que participó:

–          Semanario La Tomasa (Barcelona, 1905).

–          Semanario catalanista Or i Grana (Barcelona, 1905).

–          Diario Español (La Habana, 1908).

–          La Tribuna (Barcelona, 1905-1912).

–          El Imparcial (Madrid, 1915-1917).

–          Semanal España (1915-1924).

–          Diario La Nación (Buenos Aires, 1923).

–          El Sol (Madrid, 1917-1931/1934-1936).

–          Crisol (Madrid, 1931).

–          La Luz (1932).

–          La Vanguardia (Barcelona, 1936-1938).

–          La Voz de Madrid (luego La Voz de España. París, 1938-1940).

 

Portada libro de Antonio Elorza.

Portada libro de Antonio Elorza.

Además, Lluis Bagaría, en su apogeo profesional, alcanzó enorme fama y notoriedad en todos los círculos artísticos, intelectuales y periodísticos, lo que le supuso un gran existo de crítica y público. Éxito y popularidad que se plasmó en sus participaciones en varias exposiciones y otros eventos artísticos a lo largo de su vida. En opinión de este duende, tal vez haya sido el más notable e ingenioso dibujante gráfico y, desde luego, el indiscutible número uno de los caricaturistas de prensa gráfica en la España del siglo XX. Pues esos fueron sus dos campos destacados: la crítica social y política y la sátira caricaturesca. Hoy día, en mi opinión, el único ilustrador que alcanza su nivel de profundidad satírica y su ácida crítica social sería El Roto  y, tal vez, algunas viñetas sueltas de Peridis o Forges, todos ellos ilustradores gráficos de mi periódico: El País (aunque, gráficamente, me parecen mucho más hermosas las líneas limpias, sinuosidades, volutas y sutiles sombreados de aquel admirado ilustrador que, por ejemplo, las viñetas de estilo fuerte, manchas y altos contrastes de El Roto, o que las viñetas recargadas de textos y repeticiones de Peridis. Pero, claro, esto sólo es una particular opinión que, en ningún caso, pretende desmerecer un ápice la profundidad, inteligencia y oportunidad de la genialidad satírica de estas otras viñetas más actuales). Ahora bien, estos buenos ilustradores mencionados, lamentablemente, están muy solos en el panorama gráfico español para atender debidamente la demanda exigida por la mediocridad política de la España de hoy día. ¿Cuántos Bagaría nos harían falta para retratar como se merecen a toda esa tropa de políticos tecnócratas del gobierno actual de España? ¿Cuántos sapos, bichas, loros, cangrejos, sierpes y demás monos gráficos se verían perfectamente correspondidos con los Rajoy, Montoro, Gallardón, Wert, Cospedal o con el inefable Esteban González Pons? ¡Qué asombrosa cantidad de políticos venales, personajillos zoomorfos o de cebados gorditos y sesudos cabezones ahora dispondría Bagaría para poblar su actual charca hedionda! Hoy día, estoy completamente seguro, Luis Bagaría habría alcanzado rápidamente la más alta cima de su arte y popularidad entre aplausos y vítores de una ciudadanía agradecida, encandilada y rendida a su ingenio y sutilezas. Sí, se echa mucho de menos a este admirado genio de la crítica política. Pero, si por arte de mágica, su ingenio volviera a renacer, no hay duda, el nuevo Bagaría tendría su medio de expresión, diario o semanal, como no puede ser de otra forma, en las páginas del periódico El País.

Lluis Bagaría. Por Ramón Casas.

Lluis Bagaría. Por Ramón Casas.

Una pequeña e incompleta biografía extraída de la red. Lluis Bagaría i Bou, nació un 28 de agosto de 1882 en Barcelona. Hijo de Luis Bagaría i Roca y de Emilia Bou i Mas. Su padre era un comerciante minoritas de calzado, lo que le permitía a su familia disfrutar de una cómoda posición de clase media (entre la muy escasa clase media de la época). En 1899, cuando tenía 17 años, se queda huérfano de padre. Esto obligará a su madre y a nuestro ilustrador a emigrar a México, a la ciudad de Puebla de Los Ángeles (o también llamada Puebla de Zaragoza). Allí el joven Bagaría realizará varios trabajos de subsistencia: mozo de billar, panadero, sereno, vendedor de tabaco y, algo importante, colaborará pintando frescos y bodegones en las paredes, lo que le permitirá descubrir sus dotes artísticas. A principios del siglo XX, en 1902, ya nos lo encontramos de nuevo en Barcelona. Aunque su formación es manifiestamente autodidacta, será ahora cuando frecuentará la cuna del modernismo catalán: la taberna de Els Quatre Gats (1897-1903. Hoy todavía existe una taberna con ese mismo nombre y, creo, que en el mismo lugar, pero, obviamente, es algo muy distinto a aquel ateneo de artistas de vanguardia de primeros de siglo XX). Aquí alternará con personajes tan celebres como Santiago Rusiñol (1897-1931. Que exclamó al contemplar una de sus primeras caricaturas: “tú lo que eres es un gran dibujante festivo”), Ramón Casas (1866-1932), Isidre Nonell (1872-1911), Enrique Borras (1863-1957, actor y empresario teatral) y hasta con Pablo Picasso (1881-1973). También de esta época será sus primeras colaboraciones en algunas publicaciones barcelonesas: el semanario La Tomasa, el semanario catalanista Or i Grana, o La Tribuna. A finales de enero de 1905 ya participa en una exposición de caricaturas celebrada en París. En 1908, nuestro ilustrador ha pegado un nuevo salto de charco, estará en La Habana colaborando en El Diario Español y en el semanal Fígaro. Y, tan solo un año más tarde, en 1909, ya está de nuevo en Barcelona editando sus trabajos en La Tribuna.

Bagaría en Marte (1924).

Bagaría en Marte (1924).

1912 será un año determinante para nuestro ilustrador. La Tribuna abre sucursal en Madrid y allí será trasladado Bagaría. Y, desde este momento, se hará madrileño por los cuatro costados (nunca dejó de considerarse catalán, pero ahora llevara sus Madriles en el corazón hasta su muerte). En 1915, en plena Primera Guerra Mundial, Ortega y Gasset (1883-1955) como fundador, director y articulista, y, muy pronto, con su sustituto, el socialista Luis Araquistáin (1886-1959) como director, se embarcan en la edición de la revista España, publicación semanal de claro perfil aliadófilo y liberal y para la que diseñan una portada a dos o tres tintas con humor satírico e incisivo que se le encargará desde un principio a Bagaría y que, desde entonces, dicha revista sería un referente de la prensa de opinión política de nuestro país con un reconocido éxito de lectores (que no económico) hasta su desaparición en 1924. Esta notoriedad artística adquirida por Bagaría en la revista España, le llevará a su otra publicación estelar y determinante en su carrera: el 1 de Diciembre de 1917, el empresario, periodista, demócrata y liberal, Nicolás María de Urgoiti (1869-1951) funda el diario El Sol, con Félix Lorenzo (comúnmente conocido como Heliofilo) como director. El sol era un diario de perfil intelectual que, por deseo expreso de su editor, “no contenía noticias de toros ni loterías y, casi por entero, sucesos”. Con este perfil estaba claro que su edición contaba con una tirada más reducida que sus competidores más inmediatos y ésta se producía con una mayor distribución en provincias que en el propio Madrid (El Sol tenía un hermano menor, La Voz, cuyos contenidos eran mucho más populares y comerciales que los de aquél y que eran prácticamente el sostenedor económico de la editorial). En el Sol Bagaría encontró su medio ideal y siguió publicando en él (siempre con parones personales y desapariciones temporales varias, forzadas y no evitables en su mayor parte, pero retornando y resistiendo) hasta comenzada la Guerra Civil Española en 1936. En 1920, Bagaría, que fue amigo de Indalecio Prieto (1883-1962), se afilió por primera vez al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y permaneció en él hasta su muerte (igualmente con alguna que otra baja y alta intermedias. Suponemos que unas veces por dejadez y otras por rabietas. La personalidad de Bagaría, en asuntos de política, era así de histriónica y volandera). En 1925 y 1926, al sufrir la fijación desmesurada de la censura (la Señá Anastasia, como habitualmente era conocida en los medios editoriales) de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1870-1930), se ve obligado a cruzar por tercera vez el charco y marcha a Buenos Aires. Pero, tan sólo un año más tarde, a finales de 1927, ya está de nuevo de regreso en Madrid reincorporándose a El Sol.

Franco, por Bagaría: Comandatín en África (1923) y El suicidio de un traidor (1937).

Franco, por Bagaría: Comandatín en África (1923) y El suicidio de un traidor (1937).

En el año 1931, Urgoirti, Félix Lorenzo, Ortega y Gasset y el propio Bagaría son apartado del El Sol por maniobras de los accionistas mayoritarios de la Papelera Española, el grupo editor de este diario. Entonces Bagaría participara en los dos siguientes proyectos editoriales de Urgoirti: la revista trimestral Crisol, Diario de la República (1931) y el diario Luz (1932). Pero estas empresas estaban condenadas al fracaso (en buena parte por enfermedad de su promotor, Urgoirti, aquejado por entonces de fuertes depresiones que le obligarán a periodos de curas de salud en el extranjero). Así, en 1934, Bagaría estaba de vuelta en El Sol. Aunque este diario ya no tenía para él nada que ver con el amigable espacio de trabajo dejado en 1931 y así, cuando estalla la Guerra Civil en 1936, encontramos a nuestro ilustrador abandonado al escepticismo y el alcohol. A finales de 1936 abandona Madrid para siempre para trasladarse a Barcelona donde colaborará en el diario La Vanguardia hasta la primavera de 1938. De Barcelona huye a París donde volverá a editar sus ilustraciones en el órgano de resistencia de los republicanos exiliados: La Voz de Madrid (más tarde, La voz de España). Pero, ante el avance de los nazis, vuelve a cruzar el atlántico por última vez en dirección a La Habana. A los pocos meses de llegar, el 26 de junio de 1940, muere junto a su mujer, desolado y pobre. Tenía cincuenta y ocho años. Paulino Masip (escritor, 1899-1963), dirá: “Lo mató la guerra que empezó en nuestra patria… La guerra era su gran obsesión, y contra ella hizo sus únicas caricaturas feroces, implacables. Al dibujar temas bélicos se despojaba del guante blanco que –según su expresión favorita- calzaba su lápiz cuando vertía sátiras contra otras personas o instituciones por muy antipáticas y contrarias que le fueran. La guerra le arrebató un hijo y lo ha asesinado a él” (en julio de 1937, en la ciudad de Alcañiz, murió en trágicas circunstancias su hijo Jaime que como él era caricaturista político. De esta muerte Bagaría nunca se recuperó). Aunque algo de humor no le faltó hasta más allá del final. Epitafio: Aquí yace el caricaturista Bagaría que una noche, sin pensar, se olvidó de respirar. ¡Adiós muy Buenas!

Portada: Bagaría en El Sol. Colecciones Mapfre.

Portada: Bagaría en El Sol. Colecciones Mapfre.

La época franquista, como a tantos otros intelectuales y artistas republicanos de renombre, le condenó al más metódico y vengador ostracismo. Y siempre dando gracias de que nuestro caricaturista no cayó en manos de Franco y pudo escapar tras las fronteras pues, dado la violencia de sus sátiras gráficas, ya llevaba algún tiempo en el punto de mira del fusilero dictador y sus pistoleros falangistas y, con toda seguridad, sus viñetas le hubieran costado la vida. Sólo en las postrimerías del régimen franquista se empezó tímidamente a recuperar su memoria. En 1963, su amigo Josep Pla, publica en la revista Destino de Barcelona un artículo titulado Noticias de Bagaría, donde recupera su memoria a la vez que ensalza la figura del genial caricaturista. En enero de 1970, el Club Urbis de Madrid, monta una exposición titulada El Humor español de ahora y de siempre, donde Bagaría es reconocido como uno de los más grandes ilustradores del siglo XX. En 1983, Antonio Elorza y José Antonio Durán, con motivo del centenario del nacimiento de Bagaría, montan una exposición en la que intervienen unos 150 originales y más de 500 reproducciones. Para terminar este semblante bibliográfico quisiera recomendar dos libros que se me antojan fundamentales para todo el que quiera profundizar en la figura de Lluis Bagaría. Primero, Luis Bagaría. El humor y la política, de Antonio Elorza, editorial Antrhropos, 1988. Segundo, Bagaría en El Sol. Política y humor en la crisis de la Restauración. Colección Mafre, 2007 (prácticamente, todas las ilustraciones que acompañan a este artículo proceden de este último libro).

- Tome Sr. censor esta mona para que sus Pascuas sean más felices que las que usted me hace todos los días.

– Tome Sr. censor esta mona para que sus Pascuas sean más felices que las que usted me hace todos los días.

Luis Bagaría era una personal de carácter amable y bonachón que llevaba una vida de bohemia (y esto fue así tanto en su Barcelona natal como en su querido Madrid). Pero no la bohemia de los mediocres, los resentidos y amargados, los sableadores y oportunistas. No. Su bohemia era de estilo simpático, amigable y actitud sincera, la de compartir noche de tertulias, cañas y vinos, de amigos y risas hasta la madrugada, la de olvidar el tiempo y el lugar. Sí, era un bohemio un poco vividor pero un personaje comprometido, ético y honesto; era siempre igual, en los buenos y en los malos tiempos: una persona íntegra y buena. En la redacción, cuando ya tenía bocetadas sus viñetas a lápiz y comenzaba a trabajar en el entintado, ya se le oía canturrear alegremente alguna tonadilla popular, y al entregar su trabajo finalizado, a modo de despedida, solía exclamar: ¡a hacer puñetas! Podríamos decir que su perfil fue el de una persona de izquierdas, agnóstico, pacifista y republicano, pero siempre dentro de un escepticismo vital y un humanismo pesimista. Esta personalidad le llevo a tener dos fijaciones obsesivas en sus sátiras gráficas: su odio a las guerras y el militarismo y su marcado anticlericalismo. Y, claro, con este perfil, Bagaría tuvo que nadar toda su vida profesional contracorriente, entre corrientes de las omnipresentes censuras. Llegó a decir: “He llegado a creer que he sufrido la censura desde el mismo momento de mi nacimiento”. Y, disculpando esta exageración literaria, algo de verdad sí tuvo la cosa. Padeció más de 29 procesos de los censores y estuvo varias veces en prisión, además de sufrir innumerables multas que, en la mayoría de las ocasiones, sufragaban sus editores (como muestra de esta mayúscula persecución censora haremos notar que, sólo en el año 1925, a Bagaría se le tacharon más de cien viñetas. Teniendo en cuenta que parte de su sueldo dependía de las viñetas entregadas, nos podemos hacer una idea de lo dramático de su situación profesional). Cada vez que se bloqueaban las viñetas de Bagaría en El Sol, solía aparecer la ya famosa (por reiterada) coletilla: “Hoy nos es imposible publicar la habitual caricatura de Bagaría”.

Bagaría: el caricaturista salvaje.

Bagaría: el caricaturista salvaje.

Nuestro ilustrador de hoy sufrió la censura de toda la época de la Restauración de primeros de siglo XX y de la Segunda República: la de los viejos políticos monárquicos, la de las Juntas Militares, la del dictador Primo de Rivera y, al final, la de la propia República. Su muerte, la muerte de un alma consumida y exiliada, le impidió conocer la peor censura imaginable, la más absurda y cruel de todas: la supresión de todas las libertades y garantías democráticas de la época franquista. Pero este inevitable e ininterrumpido bregar con los censores convirtió a nuestro ilustrador en la mejor, más brillante y recordada conciencia social de la prensa española de su época. Sus dibujos se llenaron de sutilezas y detalles ocultos, de interpretaciones y jeroglíficos maravillosos, viajando a Marte o creando otros mundos paralelos que le permitían reírse de los más cercanos y sufridos; era, como a él le gustaba definirse, el dibujante salvaje, el que no aceptaba los convencionalismos sociales, el indomable, el contestatario, el inconformista, el eterno defensor de los “incivilizados”. Los lectores tenían que interpretar cada rincón de sus viñetas… ¡y lo hacían! Figuras zoomorfas representaban a los distintos personajes públicos, sus escenas ridiculizaban los asuntos de más actualidad o su popular Juan Español se reía de lo divino y lo humano. Y lo más asombroso era que, con todo este despliegue de perspicacia e inteligencia, llegaba a conseguir que sus viñetas fueran censuradas, no por lo que representaban, sino por lo que se interpretaban de ellas, ¡sencillamente, genial! Bagaría, con honestidad y honradez, aportó con sus dibujos su granito de arena por lo que él creía un mundo mejor y por una España libre, socialista, republicana y democrática. Se enfrento a un régimen, a unos políticos y a una burguesía que en España seguían siendo decimonónicos e inmovilistas, y los satirizó despiadadamente a través de sus viñetas con aguda sutileza, fina inteligencia y arrebatadora valentía.

Caricaturas del Conde de Romanones y el Sr. Eduardo Dato (1916).

Caricaturas del Conde de Romanones y el Sr. Eduardo Dato (1916).

Pero si Lluis Bagaría fue uno de los más geniales cronistas gráficos de su época, no fue en esta faceta donde más destacó: fue como el mejor y más sutil caricaturista de la prensa gráfica española. Bagaría, en sus caricaturas, hacia cosas increíbles. Era capaz de dibujar tres objetos: una pera, un tomate y un pimiento, y a continuación redibujarlos para obtener una caricatura reconocible del Conde de Romanones. Con unas iniciales y un puchero hirviendo, obtenía otra caricatura de Eduardo Dato, ¡cosas de su asombrosa magia gráfica! Era un auténtico Caricaturista psicológico. Es decir, buscaba la fisonomía interior de las cosas y las personas para, plasmando los objetos y detalles principales, obtener un todo reconocible. Sus caricaturas se basan más en la síntesis que en la mímesis, vamos. Y, sin duda, lo consiguió, fue el mejor y más admirado caricaturista de la época, hasta el punto de hacerle decir a Ortega y Gasset: “El perfil con el que Bagaría nos pinte será el que perdure de todos nosotros”. Los personajes destacados de la sociedad y los políticos de turno se reflejaban, no sólo en sus rostros, sino en sus actitudes y personalidad: sapos, pavos reales, cocodrilos, charcas hediondas, caracoles, sierpes, cuervos y un largo etcétera que garantizaban la obtención de las sonrisas y complicidades de los lectores más inteligentes y agradecidos.

Serie de dibujos de almohada: El Caracol Real (1924).

Serie de dibujos de almohada: El Caracol Real (1924).

En fin, para terminar, me afirmo en que harían faltan muchos Bagarías en la prensa gráfica actual de España (y, repito, el Roto, en mi opinión, el único en la actualidad con su profundidad e inteligencia, está muy solo). Como creo haber dicho ya, trabajo desde luego no le iba a faltar dado el panorama de mediocridades políticas que pueblan la actualidad española. Hoy Bagaría se divertiría y disfrutaría de lo que mejor sabía hacer, la sátira política y la ácida caricatura, aunque de nuevo su trabajo volvería a resultar estéril y testimonial (al final de sus días, su león español dirá: “Prediqué en desierto”), dado que se nos parece que los políticos actuales de derecha son tan estoicos, hipócritas, cínicos, pragmáticos y pétreos como los de su época, o más. Pero, ¡a quién le iba a importa eso! A este duende no, por supuesto. Qué no daría yo por volver a poder disfrutar en mi prensa de aquel sencillo universo bagariano, de hermosas volutas y formas zoomorfas, de caracolas y punzantes sutilezas, de caricaturas y detalles psicológicos, ¡todos estaríamos expectantes por su viñeta de cada día!; de nuevo, ¡cada día disfrutaríamos de una nueva perla de su inigualable ingenio y una bella complicidad inteligente entre camaradas!

Homenaje a Bagaría (1923).

Homenaje a Bagaría (1923).

Bueno, por mucho que me siga recreando en mis quiméricos sueños, no son posibles, así que nos conformaremos con recordarlo, aquí y ahora, con todo nuestro más sincero cariño y admiración. Esperamos y deseamos que ahora esté en su particular edén, entre buenos amigos de parranda en alguna taberna celestial, con varias cañas de rubia y fresquita cerveza y enfrascado en alguna tertulia redentora o discutiendo todo lo humano y lo divino hasta alta horas de la madrugada (aunque, claro, no sé qué horarios tendrán por allí), porque ésta será su más deseada, particular y gozosa gloria. La nuestra (la de los buenos aficionados a las ilustraciones gráficas), por aquí, seguirá siendo la contemplación y el disfrute de vez en cuando de todas esas magnificas viñetas que nos legó, llenas de ingenio y gracia. Será la gloria de las sonrisas espontaneas y de las sutiles complicidades. Aunque también tengamos que manifestarle nuestro pesar porque nos haya dejado el triste sentir que nos produce su añoranza y el convencimiento de que, Lluis Bagaría, lamentablemente, solo ha habido uno en toda la historia de la prensa española y, sinceramente, se nos antoja irrepetible. Amigo Bagaría… ¡a mi cuenta, una ronda en tu memoria!                                    

Bagaría en El Sol (1934).

Bagaría en El Sol (1934).

 “No basta con saber dibujar. Es necesario tener el corazón a la intemperie. Así el corazón del dibujante pasa a ser el corazón del pueblo. Y sus latidos responden al aire que respira. De este modo, el dibujante llora cuando llora el pueblo y ríe cuando el pueblo está gozoso. Cuando le enrarecen el ambiente, ese pobre corazón a la intemperie se asfixia y deja de latir… Todo artista debe poner su arte al servicio de la humanidad, debe reír o llorar con ella. Si me lo permitís diré que el arte por el arte es una especie de vicio solitario”. Luis Bagaría, en entrevista de 1930.

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