MIS LECTURAS: EL UNIVERSO. Isaac Asimov (1920-1992).

Hola a todos.

Hoy deseo hablaros de un libro que, aunque está algo desfasado, bastante, creo que nadie negará que haya sido una de las indiscutibles obras de divulgación científica de todos los tiempos.

MIS LECTURAS: EL UNIVERSO. Isaac Asimov (1920-1992).

“Una vida sin análisis no merece ser vivida”.  Sócrates, filósofo griego (470-399 a.c.).

Isaac Asimov.

Isaac Asimov.

Nuestro autor de hoy, de origen ruso y nacionalizado estadounidense, fue un gran humanista, racionalista y ateo convencido. Y además también fue un hombre sabio muy prolífico, que dejó escrita más de 400 obras y miles de cartas y artículos científicos y divulgativos. Mencionaremos a continuación algunas de sus obras más destacadas, pero siempre podréis ampliar está información en la Red donde encontraréis ingente información sobre su figura.

Obra Narrativa de Ciencia Ficción:

–          Un guijarro en el cielo (1950).

–          La serie de 7 novelas del ciclo de Trántor: 1/ Preludio a la Fundación (1988), 2/ Hacia la Fundación (1993, póstuma); Trilogía: 3/ Fundación (1951), 4/Fundación e Imperio (1952), 5/ Segunda Fundación (1953); 6/ Los límites de la Fundación (1982), y 7/ Fundación y Tierra (1983).

–          Yo, Robot (1950).

–          Las bóvedas de acero (1954).

–          El fin de la eternidad (1955).

–          El Sol desnudo (1957).

–          Viaje alucinante (1966).

–          Los propios Dioses (1972).

–          El hombre bicentenario (1976).

–          Robots e Imperio (1985).

–          Sueño de Robot (1986).

–          Viaje alucinante 2, destino Cerebro (1987).

–          Némesis (1989).

–          – Cuentos completos I y II (1990-1992).

La Tierra.

La Tierra.

Obra de divulgación Histórica:

–          La Historia Universal Asimov. Compuesta por 14 volúmenes, que en España fue editada por Alianza Editorial, y que va desde el Cercano Oriente y Mesopotamia hasta la Primera Guerra Mundial. Una estupenda, sucinta y clara historia, con personajes, cronologías y mapas explicativos.

Obra de divulgación científica:

–          Breve Historia de la Química (1965).

–          Guía Asimov sobre la Biblia (1967).

–          EL UNIVERSO (1971).

–          100 Preguntas básicas sobre la ciencia (1977).

–          El monstruo subatómico (1985).

–          Nueva guía de la ciencia (1986).

–          El cometa Halley (1986).

–          La Relatividad del error (1988).

 

Serie de TV, Star Trek.

Serie de TV, Star Trek.

Muchas de sus obras han sido llevadas, en adaptaciones más o menos libres, al cine o la televisión. Así ha ocurrido con El viaje Alucinante, Yo Robot (con Will Smith) o El hombre Bicentenario (con Robin Williams); habiendo sido también asesor científico de la popular serie de ciencia ficción Star Trek, de la que llegó a decir: es el programa de ciencia ficción más inteligente que se hace para televisión”. Nuestro autor consiguió en vida un gran reconocimiento mundial y obtuvo gran cantidad de premios por su extensa producción y en el año 1965 ya era Doctor Honoris Causa por 14 universidades. Aunque creo que Asimov pensaría que su mayor premio, el que más le agradaría, sea que un asteroide (el 5020 Asimov) y un cráter de Marte han sido denominados “Asimov” en su honor.

Isaac Asimov en su biblioteca.

Isaac Asimov en su biblioteca.

Una breve biografía. Isaac Asimov nació un 2 de enero de 1920 en Petróvichi, Rusia. Pero ya en el año 1923, con tan solo 3 años, sus padres, de origen judío-ruso, emigran a los Estados Unidos, más concretamente a la ciudad de Nueva York. El barrio de Brooklyn será su escenario personal de crecimiento y adolescencia. Aprendió a leer por sí mismo a los 4 años. Era conocida su Acrofobia (miedo a volar), y por esto sólo voló dos veces en toda su vida. También era conocida su preferencia por los lugares pequeños y cerrado, es lo que se conoce como claustrofilia (lo contrario de claustrofobia). En el año 1939 se licencia en Bioquímica en la Universidad de Columbia, sacando un postgrado en Química en el año 1941. En 1942, en Filadelfia, es contratado como investigador químico por los astilleros de la marina de guerra americana, donde pasará toda la Segunda Guerra Mundial. En 1948 obtiene el Doctorado en Química, lo que le permitió ser miembro asociado de la Universidad de Boston, pero no sería hasta el año 1979 cuando se le otorgó una plaza de Profesor Titular. Desde el año 1965, sus documentos de trabajo y personales se archivan en la Biblioteca Mugar Memorial, de la Universidad de Boston, donde ocupan la friolera de 464 cajas y más de 71 metros de estanterías. En el año 1985 es nombrado Presidente de la Asociación Humanística Americana, una institución de marcado carácter ateo y científico, presidencia que mantendría hasta su muerte. Asimov se casó con Gertrude Blugerman en el año 1942. De este matrimonio tuvo sus dos únicos hijos: David (1951) y Robyn (1955). Pero, después de una larga separación, se divorcia en el año 1973 para, ese mismo año, casarse de nuevo con la también escritora y su futura viuda Jane Opal Jeppson (1926- ). Asimov muere un 6 de abril de 1992 por fallo coronario y renal. Aunque más tarde, según las memorias de su viuda, se supo que murió de SIDA, contagiado por una transfusión de sangre que le había sido realizada en el año 1983.

Nuestro sistema solar.

Nuestro sistema solar.

Isaac Asimov, junto a Robert Anson Heinlein (1917-1988) y a Arthur Charles Clarke (1917-2008), están considerado como los tres mejores narradores de ciencia ficción de todos los tiempos; pero, en mi modesta opinión, Asimov era bastante más que un magnífico narrador de mundos estelares. Si hubiera nacido en las épocas clásicas de Grecia o Roma habría sido un destacado filósofo; si en la Edad Media un erudito iluminador de alguna pérdida biblioteca monacal; pero lo que verdaderamente fue Isaac Asimov es un hombre del Renacimiento en nuestro cercano siglo XX. Persona con una curiosidad inconmensurable y un profundo amor por el conocimiento además de una gran capacidad intelectual, Asimov, con todas estas cualidades y como no podía ser de otra manera, llego a acumular una vastísima cultura y una extraordinaria capacidad de estudio y síntesis, única y maravillosa. Nadie como él para explicarnos magistralmente a miles de personas todo aquello que se proponía. Creo que ha sido, para mí y para muchos, el mejor y más fecundo divulgador científico (o por lo menos, uno de los más admirados y añorados).  Sus textos, no cabe ninguna duda, fueron el fresco líquido que regó miles de vocaciones de incipientes almas curiosas que germinaros en varias generaciones de científicos y estudiosos en todos los ámbitos del saber y especialmente en los de la Física, Química y Astronomía.

Portada: El Universo.

Portada: El Universo.

El libro que hoy queremos recomendar es El Universo, en edición de Alianza Editorial del año 1973, con traducción de Miguel Paredes Larrucea. Como ya he mencionado, este libro está algo desfasado. Y esto es muy lógico. Su publicación y última revisión por el autor es del año 1971, ¡hace ya más de cuarenta años! Y los últimos cuarenta años de investigación en Astronomía han sido vertiginosos (principalmente, por los grandes avances tecnológicos) y tremendamente provechosos. Pero este libro marcó un hito en la divulgación científica que es imposible de olvidar, además de que su contenido, en su mayor parte, sigue siendo muy válido como una primera aproximación para todo aquel interesado y primerizo en las cuestiones galácticas (y ahora no me estoy refiriendo a Star Wars, eh). No hace falta ser un físico nuclear ni nada por el estilo para sumergirse en este maravilloso libro. Con su característico y personal lenguaje, claro, preciso y sencillo, Asimov nos introduce en el Cosmos de una forma profunda pero amena y accesible para todos. Desde el concepto de un planeta plano, con los mares circundantes desbordando por sus extremos, que imperaba en la antigüedad clásica, hasta las técnicas más modernas e impresionantes de física espacial de la época, pasando por la Luna, las estrellas, las galaxias, la teoría de la relatividad, las supernovas, el Big Bang o los Quasars, todo disuelto en las inconcebibles distancias de años-luz (1 año-Luz son aproximadamente unos diez billones de kilómetros) y en los inconmensurables tiempos de Evos y Evos (el Evo se usa como equivalente a mil millones de años), todo quedará mostrado y explicado con extrema claridad para el asombrado lector. Y esta impresión, la de asombro, e incluso otras sensaciones más personales de auténtica ingravidez espacial, se produjeron en el lector a través de aquella primera edición y sigue ocurriendo de igual forma hoy día, casi medio siglo después, ¡un auténtico milagro de este pequeño libro!, ¡una maravillosa obra de divulgación de la más asombrosa Ciencia Humana! Os lo aseguro. Aunque, ciertamente, en cuestiones del infinito Cosmos los hombres sólo les cabe reconocer de forma humilde, como ya lo hizo el filósofo Sócrates hace ya muchos siglos: “sólo sé que no sé nada”.  

Nuestra Galaxia: la Vía Láctea.

Nuestra Galaxia: la Vía Láctea.

Isaac Asimov fue un ateo convencido y reconocido. Como no podía ser de otra forma. La Ciencia (con mayúscula) y la religión siempre han estado a la greña, y sus relaciones han sido, a la fuerza, muy encontradas y tremendamente difíciles: sus identidades dogmáticas son del todo contrapuestas. La Ciencia se basa en el empirismo (es decir, el estudio), el ensayo y análisis (es decir, la experimentación), el racionalismo (es decir, la reflexión libre) y la divulgación (es decir, la universalidad del conocimiento). La religión se basa… Bueno, la religión se basa sólo y casi obsesivamente en la Fe. Este monosílabo tan sencillo sirve para todo y en todo momento. Se tiene o no se tiene, y no se puede razonar nunca sobre asuntos de Fe. Como soy un duende, y a los duendes se les permite algunas licencias imaginativas y dogmaticas que los humanos tenéis vetadas o que, sencillamente, os asunta expresar abiertamente, me voy a permitir montarme una pequeña escena para ser lo más explicito posible.

Galaxia Andrómeda.

Galaxia Andrómeda.

Imaginar que aceptamos que todos los seres vivos, nuestros mundos y este inconmensurable Universo de millones y millones de galaxias, galaxias con millones y millones de estrellas, estrellas con millones y millones de planetas y planetas con millones y millones de satélites, han sido creados por un dios todopoderoso y omnipresente. Y, como es Dios, no cuestionaremos tampoco que todo fue creado en seis días y, claro, después de este tremendo y descomunal esfuerzo, incluso el Creador ha necesitado un día para descansar y recuperar el aliento. Ahora, ya creado el Universo, nos imaginamos a Dios como un gigante que desde una posición elevada observa el Cosmos como si de una urna de pecera se tratara. Pero un Universo, con sus leyes eternas y repetitivas, hasta podría ser algo aburrido. Luego, Dios toca con su dedo por aquí y crea una explosión de supernova, ahora por allí y una colisión de galaxias, etc. Pero además de esto no les quita, ni por un segundo, el ojo a los microscópicos seres humanos, y así seguirá con su divertida creación toda una eternidad de millones y millones de años. Pero (siempre habrán “peros” para las mentes inquietas) los humanos (y los duendes), que han sido creados con una innata curiosidad y un irrespetuoso descaro, seguirán haciéndose preguntas: ¡ay, de los arrogantes humanos! La primera que se me ocurre sería, ¿Por qué Dios tiene esa fijación preferente por los humanos, hasta el punto de hacerlos a su imagen y semejanza? ¡Pero si los humanos en el conjunto del Universo sois menos que microbios! Otra, ¿Por qué los hombres se sienten continuamente bajo observación en esta vida, siempre temerosos de ofender o molestar a Dios, intentando mantener en todo momento una sumisa moral religiosa para ganarse la otra vida (el cielo), de la que nada se sabe con certeza? ¡Este intemporal temor a Dios es algo cruel! ¿No? O, en esa inmensidad del Cosmos, con millones y millones de galaxias, sistemas solares y planetas, ¿No tendrá Dios muchos otros grupos de seres inteligentes a los que juzgar a diario? ¿Vamos a ser los terrícolas los únicos seres inteligentes del Universo? No es de sentido común pensar algo así, que para algo lo tenemos, el sentido común quiero decir, ¿verdad? ¿No pensarán las hormigas, en su organizado hormiguero, que Dios “las hizo a su imagen y semejanza”? Y otra pregunta… ¡Basta! ¡Basta ya, por favor!

Supernova.

Supernova.

Los humanos y los duendes podríamos seguir haciéndonos mil y una preguntas que nunca nadie nos sabrá responder satisfactoriamente. A no ser que se tenga Fe. En este caso, ¡todo resuelto! Creeremos en el Pecado Original, en Adán y Eva, en el Diluvio y el Arca de Noé, en la Torre de Babel, en el Cielo y el Infierno, en Satanás y los Ángeles Caídos, en Vírgenes y Santos y en milagros mil, y no habrá que cuestionar nunca nada porque todo está resuelto y explicado bajo el inmenso paraguas de la Fe religiosa. Este duende piensa, al observaros con buena voluntad desde la distancia de mi mundo paralelo, que parece ser que los humanos tenéis la necesidad congénita de integraros fácilmente en algún rebaño, y aceptáis gustosamente la guía espiritual del Buen Pastor; aunque, me da esa sensación, de que en la mayoría de las ocasiones no sepáis, ni tengáis interés en saber, hacia dónde se os guía. Vamos, que de alguna forma los humanos renunciáis a vuestra singular independencia objetiva y os creáis con suma facilidad un verdadero vía crucis existencial en vuestras cortas vidas (las únicas que conocemos con absoluta certeza), lleno de sufrimientos, renuncias y resinación, y todo por la promesa de obtener a cambio una vida eterna, feliz y cómoda, en el paraíso celestial. Promesa que nadie nunca os podrá garantizar, pues, sinceramente, de lo que todos nos encontraremos más allá de la frontera de la muerte, ni el mejor imán, ni el más sabio rabino, ni sacerdote, obispo, cardenal o, incluso, el propio Papa de Roma sabe con certeza humana más de lo que ahora mismo sabéis vosotros o yo: ¡nada!

Nebulosa Cabeza de Caballo.

Nebulosa Cabeza de Caballo.

Pero, el mundo seguirá creyendo en estas espiritualidades religiosas aunque sólo sea por Tradición heredad o por pereza o pobreza intelectual o por egoísmos particulares o de grupos, y nunca por un convencimiento razonado y comprensible, porque esto último es imposible del todo para la mente humana. Los misterios de Dios pertenecen siempre a la Fe y se escapan a la Razón: al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, ¿no? Ahora bien, siempre ha habido y siempre habrá almas creyentes y no creyentes. Luego siempre habrá que convivir, respetar y aceptar todas las espiritualidades religiosas de igual forma que se debe de respetar y aceptar a las almas escépticas de los hombres de Ciencia, por lo general agnósticos o ateos, pero al mismo tiempo tremendamente valiosos para el racional progreso y la imparable evolución humana: siempre Tolerancia y los Principios de la Libertad de Expresión, pues son ideales fundamentales de cualquiera sociedad libre y progresista desde la época de los primeros filósofos griegos. Mi personal reflexión, de duende agnóstico pero respetuoso, es que hay que aceptar que la mente humana (y la de los duendes) llega, “hoy día”, hasta un límite y más allá de ese límite no sabemos nada. Y he entrecomillado hoy día porque nuestras mentes están en continua evolución y, como los tiempos evolutivos son de miles o millones de años, todavía no sabemos las capacidades de elucubración de la raza humana en un futuro lejano (y mucho menos después de observar la frenética evolución humana de los dos últimos siglos). Pero, hoy por hoy, hay que vivir aceptando nuestras propias limitaciones intelectuales y cognoscitivas, hay que aceptar con toda naturalidad esta realidad, y punto. Crearse especulaciones o imaginaciones de lo que no se conoce ni se alcanza a saber ni se entiende sólo nos puede llevar a condicionar absurdamente nuestras cortas vidas en base a errores dogmáticos o supersticiones varias. Creencias o supersticiones que nunca son gratis para nadie y que, en muchas ocasiones (y lo demuestra sobradamente la historia de la humanidad) no hacen más que complicarnos y amargarnos la existencia.

Galaxia de sombrero.

Galaxia de sombrero.

Hoy día, los seres humanos saben que el Hombre no es el centro del Universo, que nuestra galaxia no es Heliocéntrica, siendo el Sol una insignificante estrella de la galaxia, localizado en uno de sus espirales brazos. Que incluso no es nuestra galaxia, La Vía Láctea, el centro del Universo y que el hombre es un elemento más que microscópico en el conjunto interestelar. Sabemos que el Cosmos Observable está en torno a un diámetro de unos 26.000.000.000 de años-luz (que no es cualquier cosa), pero que seguramente seguirá en su inimaginable dimensión mucho, muchísimo, más allá. Y todo esto que sabemos hoy es gracias a otro elemento tan misterioso y asombroso como el propio Universo: La Mente Humana (o la de los duendes). Yo sí que pienso que el hombre sigue siendo el centro del Universo, de ese Universo del que nosotros formamos parte: el Universo del Conocimiento Cognoscitivo. Pero lo es por su capacidad mental, por su mente prodigiosa y asombrosa, de la que parte todo razonamiento y entendimiento. En su evolución racional la humanidad ha aprendido maravillas extraordinarias que ha ido transmitiendo a las nuevas generaciones: Historia, Física, Química, Astronomía, etc. Los conocimientos que posee el hombre actual, no hace mucho en el tiempo, parecerían brujerías o magias de nigromantes peligrosos. Nadie, ni siquiera mi querido abuelo (duende iletrado pero sabio y muy cercano en el tiempo), podría imaginar que nos comunicaríamos con móviles, que llegaríamos a saber la composición del Sol o su génesis, a tener control racional sobre la genética, y muchos extraordinarios asuntos más que hoy son en gran parte del acervo cultural de los jóvenes estudiantes de bachillerato.

Galaxia en espiral.

Galaxia en espiral.

Isaac Asimov, que fue un incuestionable modelo de una mente muy brillante, nos ofrece con este libro de hoy (y en general en toda su producción) un magnífico ejemplo de amor a la Ciencia y, por extensión, al ser humano. Porque la lectura de este gran libro nos refresca y envuelve con el Humanismo más bello y el mejor y más asombroso Racionalismo Científico, y todo ello parece guiarnos al Laicismo más enriquecedor. Sólo por esto se merece que, cada vez que miremos al cielo estrellado, recordemos que en órbita espacial hay un asteroide y en Marte un cráter, ambos llamados Asimov, por un más que merecido agradecimiento a su gran aportación divulgativa, ese pequeño y grande granito de arena en el conocimiento humano del Universo. A este duende, no le cabe ninguna duda, de que su ejemplo y la indiscutible semilla generacional que su ejemplo nos ha proporcionado, a través del Conocimiento y la Inteligencia, nos llevara algún día a los confines del Cosmos o, como diría mi buen amigo Buzz Lightyear, que de todo esto del espacio sideral sabe lo suyo: ¡hasta el infinito y más allá!

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”. Albert Einstein, físico alemán (1879-1955).

El Universo.

El Universo.

 

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