LA TARJETA POSTAL: LA GANADERÍA.

Hola a todos.

Ya le dedicamos una entrega de nuestras postales a la agricultura y entonces nos comprometimos a realizar esta otra entrega de hoy. Porque. si en la base de todas las civilizaciones humanas se encuentra la agricultura también es muy cierto que nunca estuvo sola. Sin el complemento de esta otra actividad todo progreso hubiera sido imposible y toda civilización, cuanto menos, imperfecta.

 

LA TARJETA POSTAL: LA GANADERÍA.

 

“Enero mojado, bueno para el tiempo y malo para el ganado”. Refranero popular (anónimo).

 

La lechera.

La lechera.

El refranero popular encierra buena parte de verdad en sus sencillos y directos dichos, y hemos empezado con uno dedicado a la ganadería como muestra de la gran importancia que ésta tiene entre todas las actividades humanas. Allá por los tiempos Neolíticos y a la vez que nacía la agricultura, o muy posiblemente mucho antes en determinados lugares, los hombres aprendieron a domesticar y criar al ganado. En las primitivas sociedades de pastores, éstos se hicieron nómadas, siempre en busca de los mejores pastos y de las ventajas estacionales. Pero allí donde la agricultura ya se había asentado con sólidas bases, la ganadería fue sedentaria, de establos y granjas, siempre cercana (e incluso integrada) con el hogar familiar. Los hombres empezaron a disfrutar de toda una serie de ventajas de vida y económicas junto a sus inseparables ovejas, cabras, terneros, gorrinos, caballos, etc. Pero, como no podía ser de otra forma, también esta actividad, esta comunión interesada entre humanos y animales, les exigiría inexorablemente a los hombres una entrega, trabajo y sufrimientos que muchas veces iban a ser obligaciones esclavas y no otra cosa que dolores y esfuerzos poco recompensados.

Pastores nos hace Dios.

Pastores nos hace Dios.

Y así ha seguido siendo este mundo de los pastores y ganaderos: se vive del ganado pero también para el ganado. Se es, en la inmensa mayoría de las ocasiones, un auténtico esclavo de establo y praderas, sin fiestas ni domingos, sin vacaciones ni seguridades (bueno, hoy día, algo sí: ¡seguros y más seguros!). Para ser un buen pastor o ganadero hay que nacer, o heredar, o tener una férrea y sólida vocación o, en ocasiones, una triste e inevitable necesidad vital. Así de sencillo. Y todo esto es mucho más acentuado hoy día. Como se suele decir, los pastores “huelen a ganado” aún después de la ducha. Si producen leche, están en manos de las grandes distribuidoras de productos lácteos; si carne, igual; si lana, lo mismo. Siempre tienen que bailar con su trabajo al son de las grandes orquestas que ellos solo sufren y nunca terminan de disfrutar por los pobres márgenes establecidos, casi siempre menguantes. Y, por descontado, sea cual sea la rentabilidad de sus animales, éstos siempre les van a exigir de igual manera: entrega total y esfuerzo incansable y continuo. La familia (toda ella, téngase en cuenta) de ganaderos y pastores, tendrá que cuidar de los establos, los transportes, los forrajes, los pastos, las enfermedades, los partos, las matrículas, los papeleos varios y, en fin y para no cansar, todo un largo y trabajoso etcétera.

Cowboys en apuros.

Cowboys en apuros.

Que la ganadería es una actividad consustancial al ser humano ha quedado plasmado en su historia y en su literatura. Ulises, en la Odisea, escapó del perverso cíclope Polifemo oculto entre su estimado y protegido ganado de ovejas que éste mantenía bien cuidadas y rollizas. Jasón y los Argonautas viajaron a la mítica Cólquides en busca del Vellocino de Oro. Entre los doce trabajos de Hércules se encontraban limpiar los establos de Augías en un solo día, robar las yeguas carnívoras de Diomedes o robar el ganado del gigante Gerión. Por no entrar en toda esa épica de aventuras y luchas que hemos mamado todos desde las figuras de todos esos extraordinarios jinetes de leyenda: de los mongoles de las estepas, los Gauchos de la Pampa o los Cowboys del oeste. Nuestro noble y valiente hidalgo Don Quijote participó (y salió magullado) en la grandiosa batalla que se dió en las tórridas llanuras de la Mancha entre los ejércitos del emperador Alifanfarón y el rey Pentapolín,  tropas de carneros y ovejas nunca de relucientes armaduras y escudos floridos sino de suaves mechones de lana y tímidos astados. Sí, los pastores y los ganaderos han llenado con su sencilla actividad miles de páginas de la historia y la mejor literatura de todas las épocas y, sobre todo, han cubierto cientos de miles, de millones, de horas de imaginaciones juveniles de aventuras con emociones intrépidas y asombrosas. Pues bien, el eje de todas estas páginas y aventuras no era otra cosa que la actividad ganadera y los rebaños en sus migraciones y pastoreos. Pues ellos, los rebaños, en sí mismo eran riqueza, y el deseo de su posesión nunca ha dejado de provocar luchas, robos, trampas; en suma, epopeyas y aventuras mil que se nos ha ido narrando a todos en momentos de nuestra vida y que han sido la causa principal de nuestras imaginaciones y ansias de aventuras infantiles e inevitablemente forman parte de nuestra formación cultural y personal. Y todo gracias a la ganadería. Es justo reconocerlo.

Ni fiestas ni domingos ni vacaciones.

Ni fiestas ni domingos ni vacaciones.

Por todo lo dicho, creo que es muy justo dedicarles esta entrega de viejas postales a este honesto y laborioso gremio de actividad primaria. Porque además, y creo también que es muy lógico, las tarjetas postales de medio mundo han sabido rendir una justa pleitesía a la ganadería y a los pastores.  Con su sencillez y belleza nos han mostrado todo tipo de escenas y momentos cotidianos de los pastores y sus ganados. Desde sus vigilias hasta sus esfuerzos e ingenio, pasando por sus incansables luchas con el pérfido y sanguinario lobo (el “enemigo” por antonomasia del oficio). En estos trocitos de arte que hoy os mostramos podréis contemplar, como de costumbre, hermosas y coloridas estampas, pero también honestos hombres y mujeres en sus actividades pastoras y ganaderas. Un gremio que termina, en la mayoría de las ocasiones, por ejercer sus labores por puro y sincero cariño a sus animales y a su noble actividad más que por el pobre jornal o a la escasa ganancia que suele resultar.

Con frío o calor, con sol o lluvia.

Con frío o calor, con sol o lluvia.

Sí, el oficio de pastor o ganadero, para ejercerlo como Dios manda, tiene que ser siempre vocacional y sentido. De otra forma las personas se engañan a sí mismas y, lo que es mucho peor, los animales lo siente y sufren. Esto último, un verdadero pastor nunca lo consentiría. Porque los hombres honrados y sinceros de este gremio saben muy bien que este oficio, o se hace bien y con entrega sincera, o mejor dejarlo. Y este duende añade, con todo mi respeto y consideración y como ha oído decir en infinidad de ocasiones a sus amigos los pastores: “que a los rebaños hay que tratarlos con el debido respeto y cariño, como si de personas con alma se trataran. Pues, al fin y al cabo, hay humanos que son muchos más cabritos, borregos, terneras, gorrinos o astados que sus propios homónimos. Y, si a los humanos nunca hay que perderles el debido respeto y la educada consideración, los animales de nuestros rebaños merecen igualmente toda nuestra buena predisposición y sincera consideración”.

Cariño correspondido.

Cariño correspondido.

Este duende piensa que, si se piensa bien, esta es una gran verdad. Seréis una raza dominante, el Homo Sapiens, pero no sois la única raza del planeta. Y, para ser sincero, los duendes no deseamos ni concebimos un paraíso post-mortem sin animales ni rebaños, porque pensamos sinceramente que no podría darse un cielo perfecto sin pastores y ganaderos (y mucho más si se tiene en cuenta que el Dios de los cristianos suele ser el Primer Pastor entre todos; el Buen Pastor, para su pueblo de ovejas descarriadas). Y cuando este duende llama ovejas a los humanos no hay mala intención ni especial animadversión en ello (bueno, no más de la normal antipatía de nuestra especie a la vuestra), sólo pretender hacer ver también la importancia de los pastores y los rebaños en el libro de los libros: La Biblia. En fin, que nuestra raza, los duendes, realmente no somos tan antipáticos ni retorcidos como se nos pinta habitualmente, lo que suele ocurrir es que… unos tienen la fama y otros cardan la lana.

 

“El buen pastor esquila sus ovejas, no las despelleja”. Tiberio (42 ac – 37 dc). Emperador de Roma.

LA TARJETA POSTAL: HUMOR FINO (II).

Hola a todos. Hoy pretendemos, con una nueva entrega de tarjetas postales y desde nuestro bienintencionado Scriptorium, insuflar de nuevo un poco de optimismo y buen humor que, dado los tiempos que corren, buena falta nos hace, y deseamos dedicar esta entrega a dos grandísimos cómicos españoles muy queridos, admirados, recordados y añorados.

LA TARJETA POSTAL: HUMOR FINO (II).  

“La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son”. Winston Churchill (1874-1965). Político Británico.  

Tony Leblanc y Miguel Gila.

Tony Leblanc y Miguel Gila.

La vida, en general, es bastante dura y difícil para el común de los mortales. Esto lo sabe bien todo el mundo. En el conocimiento común de los seres humanos (y de los duendes) se sabe que no hay nunca necesidad de buscarse problemas ni dificultades… ¡ya vienen ellas solas! Pero, claro, luego está la forma de afrontar esos problemas y esas dificultades de cada una de las personas, según sus caracteres y personalidades propias. Dentro de la inmensa heterogeneidad y diferenciación de temperamentos y personalidades están los pesimistas, grises, cenizos y dañinos y, en la acera de enfrente, los optimistas, alegres, decididos y benefactores. A dos de estos últimos deseamos dedicar nuestro artículo de hoy, a dos buenas personas y mejores cómicos, maestros de maestros, a los responsables de habernos hecho pasar tantos y tan buenos ratos de benefactoras risas y sencilla felicidad (y, como es muy normal en esta profesión de cómicos, en muchas de esas ocasiones realizando un personal esfuerzo por ocultándonos sus tristezas o bajones anímicos personales). En fin, se pretende ofrecer un modesto homenaje al recuerdo de los muy añorados, admirados y queridos Don Tony Leblanc y Don Miguel Gila. Y lo haremos con una serie de postales cómicas que, estamos seguros, se ajustaría mucho a sus personalidades y gustos, postales que les harían sacar sus mejores y más sinceras sonrisas (bueno, imaginamos, esperamos y confiamos observar una feliz sonrisa en nuestros admirados cómicos patrios y en otros muchos de nuestros amigos lectores). Allí donde estéis ahora mismo, en muestra de nuestro sincero agradecimiento y cariño, va por vosotros queridos cómicos.

¡Auténticos turistas!

¡Auténticos turistas!

Que en esta vida hay personas pesimistas y gente agria, más notorias y destacadas que un camión tráiler, es una verdad incuestionable (aunque, ciertamente, en todas las ocasiones, estos juicios personales sean muy subjetivos: cada uno podrá opinar lo que desee, por supuesto). Pero los hay que, cuando te los ves venir de frente, te cambias de inmediato de acera y te haces el sueco, porque su encuentro te es menos deseado que un control de alcoholemia en una despedida de solteros, vamos. Son esas personas que siempre ven la botella medio vacía, que los asocias con lo gris, interesado y retorcido, que siempre están peor de salud que el muerto del velatorio, hipocondríacos, que sólo saben hablar de sí mismos y de sus innumerables problemas sin solución, que nunca no dan nada por nada. En suma, son personas que siempre están a la defensiva y no transmiten sentimientos positivos, personalidades que continuamente exhuman de su interior un halo de negatividad, inseguridad e infelicidad.

Ya se sabe: si quieres tener un hijo pillo, mételo a monaguillo.

Ya se sabe: si quieres tener un hijo pillo, mételo a monaguillo.

Y como soy un duende libre, socialista y algo irreverente, pues eso, me voy a mojar y diré algunas personalidades que me resultan muy antipáticas y personalmente desaconsejables. El pesimista piensa en la bancarrota, en que el mundo es una jungla salvaje, que las personas son lobos y o devoras o eres devorado, que la educación no puede llegar a todos por igual porque siempre ha habido clases, que sobran becas y estudiantes, que lo privado siempre es mejor que lo público por pragmático y rentable, que la sanidad no puede atender a todos, que el capital, la rentabilidad y el banquero son antes que las personas, que España es un país pequeño y sobran muchos jóvenes, el alma gris piensa en el Nacional Catolicismo, en el pecado original y en la nota de religión. El pesimista piensa en Francisco Franco, George W. Bush, en Tony Blair, José María Aznar, Alberto Ruiz Gallardón (los Cruzados del siglo XXI), piensa en Rodrigo Rato, Miguel Blesa, Luis Bárcenas, en María Dolores de Cospedal (porque yo lo valgo), Esperanza Aguirre, Ana Botella. El ceniciento y pesimista patológico piensa en… ¡José Ignacio Wert, Carlos Fabra o Mariano Rajoy!

Reduciendo factores de riesgo.

Reduciendo factores de riesgo.

En el lado contrario están esas otras personas, esos otros espíritus optimistas, benefactores y encomiables. El que piensa que la botella está medio llena, que no hay problema sin solución, que no hay que rendirse nunca, que te dan su apoyo y ánimo sin pedir nada a cambio. Optimistas que piensas que en esta España nuestra cabemos todos, los estudiantes de todos los grados, que faltan becas, los jóvenes licenciados o los técnicos investigadores, los enfermos graves, las medicinas necesarias, las ayudas a los dependientes, las mujeres con dignidad y autodeterminación, la hermandad entre regiones, el federalismo integrador, la tolerancia religiosa, etc. En suma, son personas positivas, válidas, alegres y revitalizantes, son amigos de verdad y de la verdad, siempre con buenas intenciones y mejor actitud humana y vital.

Un futuro prometedor para el campesino español.

Un futuro prometedor para el campesino español.

El optimista te da siempre ánimos y te dará también, en todo momento, oportunidad y lugar, ante los problemas y adversidades… ¡buen humor! Los optimistas suelen pensar e identificarse con personas más positivas, bondadosas y altruistas, con valores humanos más universales y generosos, en Federico García Lorca, Antonio Machado o Miguel Hernández, en Manuel Azaña, Marcelino Camacho, Enrique Tierno Galván, en Ángel Gabilondo, en espíritus íntegros del tipo de Iñaki Gabilondo, Miguel Delibes, José Luis Sampedro, José Saramago, El Roto o, incluso, en Forges (espero que los Marianicos me cojan la guasa), piensan en Ana Belén, María del Mar Bonet, Juan Manuel Serrat o Miguel Ríos, en Tip y Coll o en José Mota. Los optimistas incorregibles y todas las buenas personas piensan en… ¡Tony Leblanc y Miguel gila! ¡Va por vosotros maestros del humor español, magos hacedores de higiénica risa!

“En la vida hay tres clases de personas: las que saben contar y las que no”. Homer Simpson. Estadounidense, empleado de central nuclear y reconocido lumbreras hepático.

LA TARJETA POSTAL: LA PUBLICIDAD (III).

Hola a todos.

Hoy seguimos con otra entrega de tarjetas publicitaria simplemente porque se lo merece y lo requiere.

LA TARJETA POSTAL: LA PUBLICIDAD (III).

 

“La buena publicidad vende el producto hoy, y construye la marca para mañana”. Luis Bassat. Publicitas español (1941- ).

 

Tarjeta postal turística: Barcelona (El Hortelano).

Tarjeta postal turística: Barcelona (El Hortelano).

Dos entregas de tarjetas de publicidad, con nuestro habitual formato, son muy escasas postales incluso para hacerse una ligera idea de la verdadera riqueza y variedad del asunto. Vamos con una tercera entrega, y un poquito más se habrá conseguido en nuestra modesta intención de aproximaros con un ligero fundamento al tema de hoy. Porque dentro de este asombroso apartado se encuentran, sin duda, algunas de las más bellas y asombrosas tarjetas ilustradas que este duende ha conocido. Las encontraremos de todos los estilos y temas, desde el naturalismo (con sus minuciosos detalles y asombroso realismo, alardes de grandísimos dibujantes), pasando por el impresionismo y llegando al más puro arte abstracto y expresionista. Sin mencionar que toda pinacoteca que se precie ha reproducido en tarjetas sus más valoradas obras y sus más prestigiosos artistas. Aunque no se trata ahora de mostraros reproducciones de cuadros famosos. Lo que se pretende es que sean piezas procedentes del mismo arte postal o, a lo sumo, del arte del cartel publicitario. En fin, espero que esta nueva selección (ay, qué difícil es) os guste y os entretenga.

Actos culturales: Semana de la Ciencia.

Actos culturales: Semana de la Ciencia.

De nuevo en esta ocasión este duende desea dedicar esta entrega a todas esas buenas personas emprendedoras e inquietas que aman lo que hacen y lo hacen bien, a los que ven oportunidades laborales de crear y progresar para ellos y para los demás, sin que prevalezca el afán de riquezas desmedidas ni absurdas e ilógicas avaricias consumidoras o posesivas. Personas del mundo empresarial que trabajan para legar una empresa o su pericia laboral a sus sucesores, sí, pero que antes se han preocupado de inculcarles los admirados valores del esfuerzo, la honestidad y la humanidad en el trato con sus empleados o subordinados. Esas personas justas y admirables que saben tratar a sus empleados siempre como personas, como colaboradores útiles y muy valiosos. Y también se las dedicamos a esos mismos empleados que terminan por comprometerse y entregar lo mejor de sí mismo a la empresa y al empresario que les demuestra respeto, consideración y estima y que, en suma, les valora en su justa medida. Porque si bien es cierto que “el buen empresario es el que se hace respetar y obedecer a la vez que se hace comprender y querer”, también lo es que “el buen trabajador es el que siempre da más de lo que cobra”. Es una ecuación de relaciones laborables muy justa y deseable pero, por desgracia, sólo aplicable a hombres justos, y son tan pocos (ya salió el pesimismo patológico de los duendes. Disculpar). Espero que estas bellas tarjetas postales os motiven un poquito a todos y reflejen mínimamente ese espíritu de equipo tan deseable y loable que debería de prevalecer siempre entre contratante y contratados, por encima siempre de la cuenta de resultados.

Viajes y turismo mundial.

Viajes y turismo mundial.

Para terminar, una pequeña reflexión. En estas tres entregas de tarjetas publicitarias os habremos mostrado unas cuantas decenas de ellas. Si se tiene en cuenta que a estas alturas de la historia postal habrá miles y miles de estas tarjetas, os podréis dar cuenta de la verdadera e insignificante dimensión de esta pequeña y modesta introducción a este apartado del coleccionismo postal. Pero, tenemos otras muchas postales y temas esperando su turno y, por el momento, lo vamos a dejar aquí. Pero si se tiene también en cuenta que a este apartado de publicidad han contribuido algunos de los mejores ilustradores de la historia (por mencionar a unos cuantos: Christian Leyendecker, Norman Rockwell, Haddon Sundblom –creador del Papá Noel rollizo y de rojo- o nuestro Emilio Freixas), pues eso, nos daremos cuenta de la gran calidad y variedad que quedaría por descubrir. En fin, esperamos y deseamos que estas bellas postales mostradas hayan sido únicamente una fértil semilla de curiosidad intelectual que germine en alguno de vosotros para crecer proporcionando pequeños momentos de placer y un grato espacio de distracción. Si fuera así, os consideraremos, con todo nuestro cariño y amistad, los reclutas novatos, noveles miembros de la Orden de los tarjeteros del Scriptorium¡bienvenidos al vicio enriquecedor!

 

“La creatividad es la inteligencia divirtiéndose. Albert Einstein. Físico alemán (1879-1955).

LA TARJETA POSTAL: LA PUBLICIDAD (II).

Hola a todos.

Hoy vamos a seguir con otra entrega de este apartado de coleccionismo postal tan bello y sorprendente.

LA TARJETA POSTAL: LA PUBLICIDAD (II).

 

“La esencia del impacto publicitario es decir las cosas de la forma en que otros jamás las han dicho”. William Bernbach, publicista estadounidense (1911-1982).

 

Congresos y eventos.

Congresos y eventos.

Antes de comenzar con nuestra pequeña exposición deseamos manifestar algo previo. Hoy día, con los nuevos avances tecnológicos, que han propiciado unas comunicaciones más inmediatas y seguras, el mundo se ha vuelto mucho más pequeño y cercano: uno se enteran antes de un incendio en Bombay que de un parto en tu escalera. Y, claro, esto tiene sus cosas buenas y otras no tan buenas. Ejemplo de efecto negativo, en nuestra modesta opinión, es la rápida extensión del capitalismo más cruel y metódico y del consumismo más irracional. Estas pragmáticas filosofías económicas se aplican ya en casi todo el mundo moderno y ya se están extendiendo sin remedio incluso por esos otros mundos: el rojo comunista o, algo más lento y de forma muy desigual, por el llamado tercer mundo. Conclusión inmediata: las empresas ya no son lo que eran hace tan sólo unos años. Ni las grandes ni las pequeñas. Todas se han visto influenciadas y absorbidas por esa religión empresarial que idolatra a la cuenta de resultados. Todo se supedita a los beneficios y muy pocas empresas, ante el más mínimo revés o recesión económica temporal, aguantan sin tomar estrategias de reacción y choque, siempre drásticas y dramáticas, sobre todo para, en la mayoría de las ocasiones, las indefensas plantillas. Es decir, la competitividad de los mercados, nacionales o internacionales, tan codiciosa e inhumana que se observa hoy día, deforma de manera negativa el verdadero y constructivo espíritu empresarial. Esa es nuestra opinión.

Barbour's - Hilaturas (Irlanda).

Barbour’s – Hilaturas (Irlanda).

Pero cuando contemplamos estos trocitos ilustrados de publicidad que hoy os mostramos, queremos pensar que representa pequeños gestos de una buena y racional estrategia empresarial. Que representan a todas aquellas empresas, grandes y pequeñas, que quería divulgar su excelencia y calidad manufacturera, pues confiaban plenamente en lo que hacían y producían, y tenían la esperanza que, con estos pequeños impulsos de publicidad, el boca a boca se vería reforzado y así aumentarías sus ventas y se reforzarían su marca. En suma, que estos trocitos de publicidad nos muestras el buen hacer y entender del más elogioso espíritu empresarial, el que buscaba con ingenio, innovación y trabajo la mejora y el progreso, y no sólo el egoísta y personal, también el colectivo y de grupo. Existía una relación entre contratante y contratado que era mucho más humana y cercana; empleados a los que se les valoraba por su profesionalidad y honestidad demostrada y que eran “heredados” con la empresa por los jóvenes sucesores; empleados a los que se conocía, a ellos y a sus familias, de forma directa y cercana. Cuando uno piensa que hoy día en algunos países de Europa (como pueden ser Italia o España, por citar a alguno) parece que es más fácil despedir a los empleados que contratarlos, siente uno un inevitable regusto amargo y algo de súbita rabia, porque no se puede pensar en una deriva más triste y lamentable del mundo empresarial que estas actitudes que sólo piensas en abaratar despidos y en sueldos de formación-esclavitud, lo que sí es claramente un retroceso a un pasado muy lejano y poco deseable: el de tratar a las personas como bestias o esclavos, sin sentimientos ni remordimientos. Es la deshumanización del capitalismo más cruel y despreciable.

Beefeaters Gin (Gran Bretaña).

Beefeaters Gin (Gran Bretaña).

Bueno, pues eso, que si algún apartado de coleccionismo postal justifica de manera incuestionable varias entregas de artículos en el Scriptorium este es, sin duda ninguna, el de la tarjeta postal publicitaria; y esta es nuestra segunda entrega, que ya os digo no será la última. Porque, este duende os tiene que confesar con sinceridad, que la labor más comprometida y a su vez más divertida es la selección de las tarjetas para compartir. Son tantas las posibles, tan bellas y sorprendentes, tan singulares y heterogéneas, que uno se pierde muy fácilmente en la criba previa a la redacción del nuevo post y siempre, inevitablemente, se deja fuera a alguna que otra belleza que permanece a la espera de otro artículo más generoso con ellas. En fin, hemos intentando seguir compartiendo con todos vosotros una selección de nuevas tarjetas postales muy hermosas y variadas. Seguimos con varias de las grandes marcas de siempre: Coca-cola, Pelikan o varias de marcas de automóviles, pero también os mostramos otras más singulares y raras, de pequeños comercios, eventos culturales o fechas conmemorativas. Creo, sin pretender ser pretenciosos, que hemos expuesto otro pequeño y emotivo viaje al sentimiento gráfico y artístico más enriquecedor y noble. Contemplando con detalle y cariños estos pequeños trocitos de cartulina, sus detalles, composiciones y coloridos, se puede uno distraer gratamente por breves momentos y, si así se enfoca, evadirse de la cotidianidad diaria y anodina. Esto es lo único que se pretende y desea por parte de vuestros amigos del Scriptorium. Confiamos en conseguirlo. Para terminar, a este duende le gustaría dedicar esta entrega de bellas tarjetas postales de publicidad a todas esas empresas familiares, a las grandes o pequeñas empresas, a todas las que todavía mantienen un espíritu empresarial más limpio y humano y mucho menos depredador y explotador, a todas las que aman su trabajo y su actividad empresarial cotidiana. A todas las que se sientan así, les dedico de buena fe esta entrega de tarjetas postales: ¡va por todas vosotras, Aves Fénix de de otras épocas!

 

“La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original. Albert Einstein. Físico alemán (1879-1955).

LA TARJETA POSTAL: LA ESCUELA RUSA (III).

Hola a todos.

Hoy, como no puede ser de otra forma, ofrecemos una nueva entrega de hermosas postales soviéticas.

 

LA TARJETA POSTAL: LA ESCUELA RUSA (III).

 

“Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco otro criterio”. Antón Chéjov. Escritor ruso (1860-1904).

 

Homenaje a Aleksander Pushkin (1799-1837).

Homenaje a Aleksander Pushkin (1799-1837).

De nuevo volvemos con una entrega de magníficas postales rusas. Y esto es así, sencillamente, por la grandísima cantidad y variedad de las mismas. Dos entregas, las anteriores publicadas, por muy buena voluntad que se quiera demostrar por parte de este duende amigo, son del todo insuficientes para intentar plasmar toda la riqueza y heterogeneidad del capítulo ruso de tarjetas postales ilustradas. De nuevo, en esta ocasión, intentamos mostrar variedad, tanto de temas como de estilos, pero también nos quedamos con el sentimiento de no haber llegado a ser todo lo explícito y directos que desearíamos; son muchas las tarjetas que se nos quedan en el tintero. Pero son las limitaciones de este formato de entregas por artículos a lo que tendríamos que culpar de esa autoimpuesta limitación. No podemos ofrecer un número muy amplio de tarjetas por entrega sin caer, sin desearlo, en cierta pesadez o causar algo de moleta fatiga; eso es lo que pensamos. Y, como no se pretende eso en ningún caso, vamos dividiendo nuestras entregas en un volumen razonablemente asumible. Aunque esto último suponga una dolorosa actividad de selección para nosotros (penosa por las que quedan fuera, nunca por las que “entran”, claro).

Pasión rusa: El Ballet y la danza.

Pasión rusa: El Ballet y la danza.

Y en esta nueva entrega volvemos a los temas ya mencionados: cuentos infantiles, pinturas históricas, retratos, paisajes, algo de deportes y turísticas. Ya dejamos un poco fuera las postales de líderes políticos y, en cambio, dejamos caer algunas de la propaganda de los logros científicos y aeroespaciales que en las anteriores entregan se echaron en falta. En fin, que no sé si conseguiremos atraer vuestra atención hacia estos bellos (en nuestra opinión) trocitos de papel pintado, ni mucho menos sé si seremos capaces de mantener vuestra atención con cada nueva entrega, pero eso es sencillamente lo que deseamos: que conozcáis y disfrutéis, aun por un breve instante y un poquito, de estas pequeñas maravillas de buenísimos ilustradores rusos. Porque la manía incurable de este duende es, y seguirá siendo si somos capaces de mantener el interés de todos vosotros, compartir. Compartir nuestras postales y los pequeños sentimientos placenteros que a nosotros nos proporcionan, mucho por casi nada, no me digáis que no es un buen trato. Bueno, pues eso, ahí van estas nuevas postales eslavas, esperando que os agraden y distraigan. Y… hasta otra ocasión, escuela rusa.

 

“Creo en la vida eterna en este mundo, hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad”. Fiodor Dostoievski. Escritor ruso (1821-1881).

LA TARJETA POSTAL: LA PUBLICIDAD (I).

Hola a todos.

Hoy vamos a tocar uno de los apartados más ricos y bellos del coleccionismo de tarjetas postales ilustradas.

LA TARJETA POSTAL: LA PUBLICIDAD (I).

 

“La publicidad es el arte de convencer a la gente para que gaste el dinero que no tiene en cosas que no necesita”. Will Rogers, actor y humorista estadounidense (1879-1935).

 

Tarjetero Mayor de Ávalon: Un vicio que enriquece.

Tarjetero Mayor de Ávalon: Un vicio que enriquece.

Me vais a permitir manifestar sinceramente, y creo no equivocarme, que, cuando iniciamos esta aventura bloguera, hace ya más de año y medio, nos animaban unas sinceras motivaciones de compartir cultura y aficiones, aderezado esto con un poquito, como es muy natural, de personal vanidad y de cierta inseguridad intelectual (pues nunca hemos estado muy seguros de nosotros mismos; es decir, de nuestra personal perseverancia o de nuestra bien intencionada capacidad, esfuerzo y actitud acertada). Únicamente se pretendía crear un espacio cultural que fuera un punto de encuentro para otras personas que tuvieran las mismas inquietudes que los duendes del Scriptorium y, sobre todo, que a su vez nos sirviera a nosotros mismo como una actividad distraída y enriquecedora, en una época en la que las circunstancias personales nos han proporcionado algo más de tiempo libre que ocupar. Eso es todo. Es decir, pretendíamos crear un pequeño oasis cultural para personas que poseyeran esa irrefrenable e innata curiosidad intelectual, un poco de amor por la buena literatura, la buena música, el buen cine y, sobre todo, algo de sensibilidad artística para apreciar y valorar en su justa media a todos esos buenos dibujantes e ilustradores de tebeos y tarjetas postales que hemos ido conociendo y apreciando.

Naviera Cunard Line.

Naviera Cunard Line.

Hoy día, observando nuestra experiencia, podemos afirmar que nuestro querido y pretencioso proyecto bloguero es, ciertamente, un pequeño oasis cultural, pero algo marginal y poco visitado. Es un recóndito rinconcito en la inmensa red para, tal vez, algún que otro ocasional introvertido que se deje prender con algo de indolencia o para esas otras personas singulares que no terminan de adaptarse a estos tiempos modernos de tanto frenesí descontrolado y tanta banalidad gratuita que nos ha tocado vivir. ¡Ojo!, esto, la escasa concurrencia, quiero decir, no nos importa mucho a los duendes ni nos desanima en absoluto, seguimos (de momento) con buen ánimo y excelente predisposición para seguir compartiendo de buena gana y con sinceridad y cordialidad nuestro tiempo libre, nuestras inquietudes y personales aficiones con todo aquel que quiera visitarnos. Pero si esto es así, si no tenemos muchas visitas, queremos pensar que es por nuestro manifiesto desinterés por… ¡La publicidad! Tal vez debido a la ya mencionada inseguridad personal a la ya conocida y atávica discreción de los duendes, decidimos en su día no mencionar nuestro blog en redes sociales, y así únicamente ha estado funcionado un sencillo boca a boca que, ingenuamente sabemos ahora, esperábamos sería una lógica consecuencia debido la pretendida calidad de nuestro post y extrema belleza de las imágenes compartidas. Bueno, pues eso, en éstas estamos estos duendes escribanos, disfrutando de nuestra discreta afición bloguera junto a un reducido (pero, a nuestro modo de ver, selecto) grupo de amigos o almas gemelas. Y así pensamos seguir, si las Hadas y la salud nos lo permiten.

Francia: transporte de pasajeros.

Francia: transporte de pasajeros.

Pero esta introducción me sirve para haceros ver de la importancia que ha tenido en nuestra época el fenómeno de La Publicidad. Y, como no podía ser de otra forma, la publicidad es fundamental en la génesis de la Tarjeta Postal. Como ya mencionamos en otro post anterior, la primera tarjeta postal que se data en España es del año 1873, y algo anterior sería las europeas y americanas. Hoy, algo más de un siglo después, los nuevos medios de comunicación de la era cibernauta y de las nuevas tecnologías de telecomunicaciones, creo, vienen a darle la puntilla definitiva a este apasionante mundo del coleccionismo postal. Aunque tenemos que reconocer algo claro y manifiesto. Digamos que, en sus inicios, el tipo de tarjetas postales que dominaban eran las postales Ilustradas. Más tarde éstas fueron pendiendo terreno de forma progresiva frente a las tarjetas fotográficas, que se convirtieron en el estándar mayoritario de las editadas, para que hoy día, que ya se editan (por lo ya apuntado) muchísimas menos, confiar en la tarjeta ilustrada publicitaria. Sí, hoy seguimos disfrutando de hermosas y artísticas tarjetas postales ilustradas de publicidad pues, como siempre ha sido, la postal sigue siendo un medio muy popular, democrático y accesible para esta función divulgativa y comercial. Y en los negocios y en las industrias manufactureras ya se sabe: si no te conocen, no existes.

Teatro del bueno en Alcoy.

Teatro del bueno en Alcoy.

A finales del siglo XIX no eran tanto los espacios disponibles para una publicidad efectiva y atrayente. El analfabetismo era una lacra endémica y generalizada en todos los países del mundo, la prensa no era tan difundida y masiva como la actual y, sencillamente, no se disponía de otros medios para ejercer las tareas de publicidad. Pero la tarjeta postal fue una ocurrencia brillante y tremendamente exitosas. No solo estos pequeños trozos de cartón o cartulinas estaban al alcance de las grandes empresas, también los pequeños negocios y comercios tenía acceso a su cercana imprenta local para editar una sencilla, barata y atractiva publicidad. Y así fue, efectivamente. Todos se apuntaron a la divulgación de cartoncitos más o menos trabajados y atractivos: grandes empresas, pequeños negocios, templos y asociaciones espirituales, instituciones culturales como museos, exposiciones, conmemoraciones y fiestas, y, por supuesto, ayuntamientos e instituciones de gobierno y administración. Todos vieron la oportunidad e idoneidad de este sencillo y humilde medio para dar un pequeño empujón publicitario al ya natural boca a boca y así divulgar algo más las excelencias de su trabajo o productos. De esta manera, desde sus inicios hasta nuestros días, este fenómeno publicitario nos ha proporcionado a los duendes de una plena y enriquecedora afición coleccionista (bueno, a los duendes y a algún que otro humano, sobre los que injustamente recae el sambenito de ser personajes algo “rarillos”, singulares friquis de manifiesta personalidad introvertida. Paciencia y resignación, hermanos).

Francia: regatas en el Atlántico. 1897s.

Francia: regatas en el Atlántico. 1897s.

Y sí, estimados amigos, la tarjeta postal publicitaria nos ofrece, tal vez, uno de los más ricos y hermosos apartados de ilustración y arte gráfico que podáis imaginar. Como hemos mencionado, desde las grandes corporaciones empresariales hasta el más minúsculo y familiar negocio, pasando por todo tipo de actos públicos y conmemoraciones, todo será reflejado en preciosas y únicas tarjetas muy trabajadas, coloridas y asombrosas. Por ejemplo, en el apartado de grandes empresas, y por mencionar a algunas marcas, son de destacar las cientos de tarjetas tan conocidas y hermosas como las de Coca-Cola, Pelikan, Mercedes Benz, Citroën, Fiat, Vespa o la naviera Cunard Line. Marcas que contrataban a magníficos ilustradores de renombre que marcaron una época dorada de calidad y buen hacer en la historia de la tarjeta postal o el cartel publicitario. Por otro lado, entrar en este preámbulo con un poco de detalle en el apartado de la tarjeta postal publicitaria de menudas y familiares empresas sería del todo imposible e inapropiado, pues aquí fue masiva y muy democrática la participación empresarial: hoteles, pequeñas comercios, farmacias, bodegas, restaurante, equipos deportivos, etc.: ¡todos se apuntaron a este sencillo fenómeno publicitario! Vamos, que sólo con el apartado de tarjeta publicitaria cualquier decidido coleccionista tiene un mundo inabarcable e interminable para explorar y descubrir.

Gran Bretaña: The Cheshire Lines. Instalaciones recreativas de verano. 1930s.

Gran Bretaña: The Cheshire Lines. Instalaciones recreativas de verano. 1930s.

En fin, lo que queremos hacer notar es que en este capítulo del coleccionismo postal publicitario podemos, sin ninguna duda, encontrarnos con las más hermosas y asombrosas tarjetas que nos podamos imaginar; os lo aseguro. Un universo brillante y muy bello que cualquiera con un poco de sensibilidad gráfica sabrá apreciar y disfrutar de lo lindo, pues lo encontrará sorprendente a la vez que le encantará y enriquecerá de forma segura, divertida, amena y barata. En esta primera entrega de tarjetas publicitarias hemos intentado realizar una selección donde predomine la variedad, tanto de épocas como de marcas. Es decir, empresas grandes y pequeñas, eventos culturales, tarjetas originales, reproducciones o tarjetas actuales, y tarjetas serias o algo más graciosas. Pero, qué duda cabe, tendremos que dejar para futuras entregas otras muchas preciosas tarjetas que no pueden entrar en esta ocasión por el formato establecido de nuestros artículos. Disfrutar con estas pequeñas preciosidades y pensar que no son más que… el inicio de una buena amistad.

 

“La publicidad es básicamente persuasión, y la persuasión no es una ciencia, sino un arte. William Bernbach, publicista estadounidense (1911-1982).

LA TARJETA POSTAL: LA ESCUELA RUSA (II).

Hola a todos.

Hoy vamos a continuar donde lo dejamos en la última entrega de tarjetas postales.

LA TARJETA POSTAL: LA ESCUELA RUSA (II).

 

“Rusia es una adivinanza, envuelta en un misterio, dentro de un enigma”. Wiston Churchill, político inglés (1874-1965).

Guardias de palacio (Realismo y detalles).

Guardias de palacio (Realismo y detalles).

La última entrega de postales rusas fue del todo muy insuficiente. No tuve la ocasión de mostrar todas las que quería ni de abarcar todos los temas que deseaba, aunque, torpemente, llegué a mencionarlos. Por eso, ahora y para corregir mis pequeñas omisiones, os presento otro lote de esas magnificas tarjetas postales. De nuevo intentaré que haya un poco de variedad en cuanto a temas y así volveré a sacar algunas de las series infantiles, como las de Buratino, el pinocho ruso, y otras de cuentos clásicos rusos y fantasía. Pero, esta vez sí, también os mostraré algunas de retratos, muchachas rusas y de lugares urbanos. En fin, una nueva entrega de postales infantiles que creo no os defraudará, pues todas estas postales siguen siendo muy hermosas y, por momentos y según la sensibilidad de cada cual, muy emotivas.

 

Maternidad.

Maternidad.

Otro apartado que volvemos a tocar es el de la postal de propaganda política o bélica. De nuevo os incluimos unas cuantas de omnipresente Lenin y algunas más de los hechos bélicos de la revolución y los bolcheviques. Uno no pretende ser pesado con este tipo de postales pero es que hay mucho material como para no proceder a entregar una nueva hornada de ellas. Todas mantienen el estilo del Realismo Revolucionario, con minuciosidad en los detalles y fuerte dramatismo, pero es lo que hay y lo que se llevaba durante aquellas épocas bélicas y en los  posteriores periodos posbélicos de consolidación del régimen comunista. Dejaremos para una próxima entrega las tarjetas propagandistas de la Segunda Guerra Mundial, que también se les podría dedicar un capítulo entero, pues el tema de la tarjeta postal de propaganda, en la Rusia soviética, es un tema interminable, de gran variedad y muy dilatado en el tiempo.

 

Cuentos populares (I).

Cuentos populares (I).

Bueno, pues ahí va otra selección de postales ilustradas rusas que espero os guste. Tener en cuenta que estas viejas postales circularon y se difundieron por gran parte del territorio ruso en su época. Y estos trocitos de papel transmitían mensajes sencillos y divulgaban imágenes directas pero muy logradas y trabajadas. En suma, se podría decir que en ellas se reflejaba en una pequeña parte el alma y el ser del sufrido pueblo ruso. Son pequeños y sinceros testimonios de una época y de un país que en el occidente desarrollado se nos presentó como un ogro durante muchos años (en buena parte por la directa y tremenda influencia norteamericana, que nos empujó a todos a la famosa Guerra Fría) y que luego se demostró que no era ni tan ogro ni tan fiero como parecía. Yo ahora sólo pretendo compartir con vosotros este lote de bonitas tarjetas rusas, pero mentiría si no os dijera que confío un poquito en que, con su contemplación, sepáis encontrar en ellas algo del alma rusa y así empezar a respetar y admirar en justicia y como se merece a ese gran pueblo y a su rica cultura centenaria. ¡Happy day, Tovarich!

 

“Los espejos se emplean para verse la cara, el arte para verse el alma. George Bernard Shaw, escritor irlandés (1856-1950).

LA TARJETA POSTAL: LA ESCUELA RUSA (I).

Hola a todos.

Hoy vamos a hablar de, tal vez, de uno de los conjuntos de postales más bellos del mundo.

LA TARJETA POSTAL: LA ESCUELA RUSA (I).

 

“No es posible ver Rusia mirándola sólo con los ojos”. Proverbio ruso.

 

Novios en su nube de amor.

Novios en su nube de amor.

Una aclaración inicial. Hemos utilizado la palabra “escuela” por varios motivos: primero, porque nos gusta mucho ese vocablo; segundo, por no repetir la palabra “postal” en el enunciado, que sería lo más directo y lógico; y tercero, porque nos parece un buen término para intentar expresar un concepto global y aglutinador de la enorme riqueza ilustrativa de tarjetas postales en este gran país. Pero, que quede claro, nunca hemos pretendido que se interprete como una palabra que designe homogenización o pretenda simplificar en nada la gran variedad y riqueza existente en la tarjeta postal rusa. Dado la enorme diversidad de autores, estilos, temas y localizaciones, sería un absurdo y un gran disparate pretender algo así. El coleccionismo de tarjetas postales rusas tal vez sea, en opinión de este duende, uno de los pasatiempos más gratificantes, enriquecedores y hermosos entre todos los posibles que esta afición nos puede ofrecer. Pues si España, Alemania, Reino Unido o Francia pueden presumir de maravillosas series de tarjetas postales ilustradas, las que se pueden localizar y conseguir en Rusia (a través de internet, claro, que no es necesario comprarse un abrigo de pieles ni botas polares) no desmerecen en nada a las series de esos otros países o, en mi modesta opinión, incluso se llega a alcanzan niveles puntuales de calidad y belleza superiores. La postal rusa, para mí, sólo tiene un inconveniente a destacar: que los textos del reverso están en alfabeto cirílico y, claro, este duende no domina para nada esa escritura. Así ocurre que en ocasiones, muchas veces, no sé asociar bien el texto impreso y las ilustraciones. Pero, por descontado, decir que a pesar de este pequeño inconveniente, yo nunca renunciaré a mis queridas postales rusas y a los estupendos momentos que me proporcionan con su asombrosa belleza y enorme calidad. Aclarado este asunto, seguimos.

 

El deporte. Baloncesto.

El deporte. Baloncesto.

Rusia es el país más grande del Mundo. Tiene casi el doble de extensión que los Estados Unidos de América, que ocupa el puesto número 4 por extensión entre los países; o diremos que en Rusia cabría unas 34 veces España, que está en el puesto 52 entre los países del mundo por sus extensiones. Pero, por el contrario, por habitantes Rusia ocupa el puesto número 8 en la lista de países por población con unos 144 millones de personas, menos de la mitad que los Estados Unidos que están en torno a los 320 millones de americanos y en el puesto número 3; España se sitúa en el puesto 29 con unos 46,5 millones de habitantes. Si se tiene en cuenta la enormidad de país, la dispersión de su población y lo ralo de sus vías de comunicaciones (la aviación es un medio que prácticamente tiene cuatro días) se entiende el viejo proverbio ruso que dice: “En Rusia no hay caminos, tan solo direcciones”. De todo esto, se desprende la enorme tradición e importancia del servicio ruso de Correos. Si además se piensa que el envío de tarjetas postales siempre ha sido mucho más económico que el envío de sobres cerrados, en un país que de siempre, como dijo Putin, “es un país rico de gentes pobres”, pues eso, ya tenemos la ecuación resuelta y el resultado es la enorme riqueza y variedad, como en ningún otro lugar, del trasiego de postales rusas por su propio país y por el resto del mundo.

 

Princesa y príncipe (Valiente).

Princesa y príncipe (Valiente).

Yo, a título personal y para mi organización, suelo dividir las postales rusas en dos grandes apartado: las postales, viejas o reeditadas, de antes de la Revolución Bolchevique de 1917, y las posteriores a este histórico acontecimiento. Y esto es así principalmente por la radical diferenciación de temas que en ese momento se produce. Antes de la revolución tenemos temas muy variados como los de literatura infantil, retratos, los de hechos y batallas históricas, los de propaganda bélica zarista o los de los progresos civiles de la época. Después del año 1917 entra con fuerza y predominará, durante unos largos y duros años, un tema fundamental: la propaganda política (aquí se incluiría el culto e idealización del líder) y bélica (las hazañas y sacrificios de los revolucionarios), que el nuevo régimen bolchevique necesita y manejará masivamente y con sentido pragmático para proteger en lo posible su amenazada supervivencia. Y también, pero algo más tarde, la propaganda de los grandes logros sociales y científicos de los estados de la antigua U.R.S.S: la aviación, la conquista del espacio, etc. Aunque los comunistas también seguirán reeditando viejas postales de otros temas más inocentes y populares: los cuentos infantiles, retratos, la vieja historia de la Patria Rusia, los deportes o la postal turística.

 

Cuento de Buratino (I).

Cuento de Buratino (I).

En apartado de tarjetas postales sobre cuentos infantiles existe una gran riqueza y variedad. A mí, personalmente, me gusta mucho las series del Pinocho ruso: Buratino. Hay una hermosa serie con un cierto estilo más trabajado y naturalista, con gran fijación en los pequeños detalles, y otra serie con un Buratino más “Ninot”, de dibujo más suelto y menos resuelto, pero también con gran belleza y gracia. Os muestro ejemplos de ambos Buratinos. También son muy bellas las tarjetas postales que tocan los cuentos clásicos dónde los niños podían dejar descansar a su imaginación para contemplar directamente a los héroes, príncipes y princesas, las batallas y otras hazañas que la iniciativa infantil había retenido y soñado hasta ese momento mágico que la postal ilustrada les iluminaban. Algunos ilustradores rusos de libros infantiles y cuentos clásicos o de tarjetas postales adornaban sus dibujos con preciosos marcos ilustrados laterales en los que aparecían coloridos motivos geométricos, florales o zoomorfos; eran unas auténticas preciosidades de entregados virtuosos del dibujo que parecían recrearse y ensimismarse en exceso en su trabajo. En suma, lo que estas postales infantiles conseguían eran asombrosos milagros y felicidades sencillas que seguramente, en aquellas lejanas épocas, eran las únicas al alcance de los niños y chavales y que, con sus caritas de asombro y felicidad, harían felices por un instante mágico a sus agradecidos padres o abuelos.

 

Los cosacos del Don (de Ilya Repin).

Los cosacos del Don (de Ilya Repin).

Otro apartado a tener muy en cuenta en las postales rusas es el de las reproducciones de obras de arte de la pintura, sobre todo de la pintura que reflejaba su historia y sus personajes más ilustres. Se representan todo tipo de efemérides: hechos destacados en la historia de los zares, batallas famosas, los cosacos del Don o, en contrapunto, otros cuadros que nos mostraban otro tipo de pinturas más “pacíficas”, como chicas jóvenes con trajes típicos, enamorados, retratos, paisajes pintorescos o ciudades turísticas. Es en estas postales donde encontramos una gran representación de ese naturalismo y realismo tan característico en la pintura rusa. Obras que no escatiman en ningún momento todo tipo de detalles y matices, tanto en texturas como en los personajes (algunas de las telas que visten los personajes parece que se puedan tocar, y los estampados de las mismas están primorosamente representados por muy recargados y repetitivos que sean). Bueno, pues eso, otro apasionante capítulo de tarjetas postales que resulta muy atractivo y entretenido además de asombrosamente instructivo.

 

El líder de la patria: Vladímir Ilich Lenin.

El líder de la patria: Vladímir Ilich Lenin.

Después de la revolución rusa de 1917 será otro tipo de efemérides mucho más guerreras y dramáticas las que pasarán a ocupar la primera línea en la edición de tarjetas postales: la propaganda política y bélica. Se tienen que tener muy en cuenta que los índices de analfabetismos del pueblo ruso durante los años posteriores a la revolución y hasta la Segunda Guerra Mundial eran tremendos. Las tarjetas postales eran un medio muy barato de propaganda y tremendamente efectivo; llegaba tanto a los que sabían leer y leían el reverso como a los que no sabían y se quedaban con el mensaje claro y directo que les llegaba con la hermosa ilustración.  Tanto los hechos de combate más destacados de los revolucionarios como sus sacrificios o heroicidades pasan ahora a destacarse casi en exclusividad en la tarjeta postal junto, eso sí, con la imagen del líder revolucionario. Por ejemplo, Vladímir Ilich Lenin. El líder revolucionario no aparecerá únicamente arengando a las masas o dirigiendo las campañas y estrategias, también se le representa hablando con los niños, viajando en la máquina del tren junto a los maquinistas, codeándose con todo tipo de personajes de la intelectualidad o las artes del momento o trabajando codo con codo con los obreros. La idolatrización del líder es sistemática y masiva: Lenin es el Padrecito del Pueblo, el Salvador de la Patria, el azote de los Zares, Lenin es capaz de lo humano y lo inhumano, ¡es Dios!  Y un poco más tarde Stalin será ¡el hijo de Dios!

 

El "salvador" de la patria: Josif Stalin.

El “salvador” de la patria: Josif Stalin.

Josif Stalin, que nunca se apartó ni un milímetro de la máxima conocida de “el fin justifica los medios”, es el estadista que se mantuvo en el poder deshaciéndose de todo aquél que le contrariaba o le molestaba en sus despiadada Gran Purga Política del año 1937 (según se dice, de millones de personas), el que planeó la muerte de León Trotski en 1940, el líder que llevo al pueblo ruso a la victoria sobre Hitler y el iniciador del concepto mucho más nacionalista de “Socialismo para un único país”, concepto que fue determinante y propició la posterior Guerra Fría.  En fin, que si el personaje que consiguió todos estos logros nacionales para su país tenía alguna virtud como político y estadista, ciertamente, a occidente no nos llego nunca ese conocimiento preciso. Por aquí el concepto que se tenía de Stalin era que a lo más que se parecía era a una mala bestia parda. Pero, claro, esto nunca fue así en las tarjetas postales rusas. De nuevo se le ensalza e idolatra en la misma media desproporcionada que ya había sido utilizada con su predecesor Lenin. Miles y miles de tarjetas lo presentaran al pueblo ruso como un nuevo Guía, Salvador y Padre insustituible de la Patria.

 

Cuentos populares rusos (I).

Cuentos populares rusos (I).

Pero, como hemos apuntado, la propaganda política es sólo uno de los muchos temas destacados dentro de la rica variedad del coleccionismo de tarjetas postales rusas. Entre esta entrada de hoy y otra muy próxima, intentaré mostraros una selección variada y bella, con todo ese tipo de postales de las que hemos hablado. Ni que decir tiene que a este duende le llegan mucho más las postales de temas infantiles y de cuentos clásicos o esas otras con minuciosidad en los detalles y gran colorido. Pero esto no quita que los otros temas, los políticos y bélicos, no tenga también su gran interés y su artística belleza. Intentemos despojar a estas otras postales de sus claras interpretaciones de propaganda y de los implícitos mensajes unilaterales y quedémonos con el arte gráfico, con su perfecto dibujo, los retratos calcados o la grandiosa escenificación del momento. Si somos capaces de esto último, habremos llegado a entender la trascendencia del arte realista ruso y a valorar mucho mejor la profesionalidad y genialidad de tantos y tantos artistas que en occidente permanecen prácticamente desconocidos. Bueno, pues eso, espero haber acertado en la selección y que tengáis todos la suficiente belleza de alma para encontrársela  a su vez y sin demora alguna a estas antiguas pero magníficas postales rusas.

 

“El que no lleva la belleza dentro del alma no la encontrará en ninguna parte. Noel Clarasó, escritor español (1899-1985).

LA TARJETA POSTAL: LA AGRICULTURA.

Hola a todos.

Hoy, con nuestra entrega de tarjetas postales, rendiremos un sincero homenaje a la madre de todas civilizaciones.

LA TARJETA POSTAL: LA AGRICULTURA.

“Honrar a los labradores, porque los que labran la tierra son el pueblo escogido de Dios”. Thomas Jefferson, Tercer Presidente de los Estado Unidos (1743-1826).

De sol a sol.

De sol a sol.

Que la agricultura, junto con la ganadería (de la que ya hablaremos en otra futura ocasión), es la simiente de todas las civilizaciones conocidas es algo manifiesto e incuestionable. En algún momento impreciso de la época Neolítica (Nueva Edad de Piedra Pulida – en oposición a la más antigua Edad de la Piedra Tallada-. Periodo que abarca, según zonas, entre el 10.000 y 4.000 a.c.), en la conocida como zona de la Creciente Media Luna Fértil, en Oriente Próximo, algún alma avispada y observadora (seguramente, tiene más sentido por la organización tribal de los grupos, una mujer) decidió reservar algo del grano recolectado para plantarlo en las misma tierras de recogida y, respetando los ciclos de las estaciones, observar el resultado en el ciclo anual. Así al año siguiente la familia o grupo tribal pudo recoger una mayor cosecha que les garantizaba, no sólo el sustento, sino también un excedente con el cual se podría intercambian, es decir, se podría comerciar. Ante este sencillo pero transcendental descubrimiento (los primeros vestigios arqueológicos situarían este hecho histórico en torno al 9.000-8.500 a.c.), los humanos se vieron libres de la incómoda movilidad a la que les obligaba la recolección estacional y la caza, y, como primera y primordial consecuencia, los grupos tribales que dominaron la agricultura de nómadas pasaron a sedentarios.

El regreso al hogar.

El regreso al hogar.

La vida sedentaria y el sustento más o menos garantizado de las cosechas tuvieron como consecuencia inmediata la disponibilidad de más tiempo libre por parte de los miembros del grupo tribal. Este mayor tiempo libre pronto se tradujo en el desarrollo de las actividades humanas: observar, pensar, experimentar o investigar. Actividades manuales y creativas individuales que llevaron a las “especializaciones de los trabajos”. Es decir, unos hombres se inclinaron, sus personales habilidades, para los trabajos sobre la madera y se hicieron carpinteros, otros alfareros, otros tejedores, más tarde, otros herreros o albañiles, otros muchos ocasionales guerreros (seguramente por su valor y fortaleza, personajes que pasaron a ser una incipiente y distinguida clase tribal que pronto fue adquiriendo más y más poder y, en cualquier caso, una fuerte posición social) y, claro, cómo no, otros varios  extractos sociales vinieron a incrementar sobremanera el ya antiguo y elitista grupo de los brujos, hechiceros y hombres espirituales o sacerdotes. Pues, como se puede entender, las cosechas siempre eran “más o menos” seguras pero nunca del todo seguras. Los primeros agricultores (y los últimos de hoy día) miraban al cielo, no plácidamente tumbados y relajados en el prado con una ramita de hinojo en la boca. No. Su mirada era siempre temerosa y preocupada y muy pronto, a la fuerza, se convirtió en una mirada experta y conocedora. El conocimiento del clima local y las inclemencias atmosféricas a través del cielo era cercano, inmediato, cotidiano y esencial. Pero siempre existían otros muchos incidentes imprevistos y ocasionales sobre los que el campesino no tenía ninguna acción de antelación mitigadora o reacción posterior.

El Ángelus.

El Ángelus.

El temeroso agricultor se sentía totalmente indefenso ante las inclemencias del cielo castigador o de la devastación de las plagas imprevistas que podían, en unos minutos, arruinar todo el trabajo de un año y sumirlo en la ruina total, el hambre o en la atroz desesperanza, a él y a toda su familia o grupo (la responsabilidad individual del sufrido hombre del campo de siempre ha sido aplastante). Así los hombres espirituales o, siempre a través de ellos, los propios dioses tuvieron elevada importancia por su utilidad y gran trascendencia en las sociedades agrícolas. Es decir, en consecuencia, las castas de sacerdotes y hechiceros siempre tuvieron intimidatorio poder y enorme influencia social. No conozco ninguna otra profesión, como la de agricultor, a la que la historia no le haya reservado más espíritus, dioses y santos protectores, siempre acorde para poder contrarrestar sus múltiples peligros. Espíritus benefactores a los que hay que tener contentos y siempre satisfechos pero, igualmente, sin perderles nunca un enorme respeto y hasta un innegable temor. Y así ha sido la historia de los humanos, aquí, allí y allá, desde los albores de todas las civilizaciones y, aunque a la Razón le pese, me temo, así seguirá por mucho tiempo más sintiéndose las influencias espirituales, marcándoles con sus preceptos, recompensas y penitencias sus caminos a todas esas almas creyentes, sumisas, temerosas de Dios y estoicamente resignadas. En suma, la historia de toda civilización va desde aquella primera simiente, desde aquel primer grano de cereal, hasta la nave interestelar Enterprise, nave insignia de la Flota Estelar de la Federación Unida de Planetas de Star Trek (ay, disculpar a este duende, creo que me he adelantado un poco en el tiempo. Han prevalecido más mis deseos personales que la realidad inmediata).

Compañeros incansables.

Compañeros incansables.

El mundo que hoy conocemos, ese mundo más pequeño, homogéneo y cercano, esa globalización actual, se asemeja más que a otra cosa a un inmenso supermercado, donde campean a su gusto los estandartes de las naciones desarrolladas, las más avariciosas y egoístas; nacionalismos capitalistas que se apoyan en legión de maquiavélicos, entrenados y codiciosos estadistas y diplomáticos, instrumentos humanos de los más arrogantes y pragmáticos que imaginar podamos, los que suelen demostrar una ética más venal y una mayor inhumanidad. Pero esto no fue así hasta hace, como el que dice, cuatro días en la historia de la humanidad. Hasta el siglo XVIII el mundo era en general mucho más grande (que lo parecía, vamos), con todos sus problemas de nacionalismos y vecindad pero lleno de singularidades continentales, regionales y nacionales. Singularidades humanísticas que se veían algo más resguardadas y protegidas por las distancias y los océanos. Si queríamos buscarle algún carácter global al viejo mundo ese era, sin duda, la agricultura: las civilizaciones, viejas y jóvenes,  era en su mayoría naciones agrícolas. En el siglo XIX, con la Revolución Industrial, las manufacturas y servicios demandaron una mayor cantidad de mano de obra y así, se podría decir, que se produce el primer gran éxodo rural en beneficio de la industrial y las ciudades. El segundo y definitivo éxodo campesino se producirá tras la Segunda Guerra Mundial y la mecanización generalizada de las tareas agrícolas; esto último terminará de cribar de forma determinante y decisiva la ya condenada y masiva mano de obra agrícola. Los sufrido y duros animales de carga y arrastre, los inseparables compañeros de fatigas, los incansables caballos percherones, bueyes, mulos o burros pasaron de forma progresiva y en pocos años al olvido y a realizar tareas festivas y minoritarias. Hoy día el campo suele ser cosa de familias que heredan las fincas, las maquinarias y los oficios, y que se apoyan en un reducido y eventual peonaje para las tareas de recolección y almacenaje. En fin que, aunque la agricultura haya perdido buena parte de su hegemónica importancia económica en algunos países desarrollados y hoy son otros y variados los resortes importantes de las economías mundiales, no ha dejado nunca de tener una gran importancia económica, apoyada en un fuerte y nuevo carácter empresarial y en una determinante y laboriosa clase social campesina.

Descanso merecido.

Descanso merecido.

Por lo ya dicho, pienso que todos nosotros (tal vez más de un ochenta por ciento de la población urbana actual) sólo tenemos que volver la vista atrás en nuestro árbol genealógico para encontrarnos con antepasados campesinos. Sin ir más lejos, los dos abuelos de este duende, recalaron en la industria y el comercio desde un mundo agrícola que los expulsaba; ambos nacieron agricultores y ambos, con el tiempo, pasaron a sobrar, fueron obligados a mutar de vida y actividad debido a la fuerte mecanización de las tareas campesinas (ellos igual que otros muchos, claro). Pero incluso después de esta drástica transformación de sus existencias,  siempre les quedo, en lo más profundo de su ser, un evidente e innegable espíritu campesino que les hacía sentir, querer y respetar el mundo agrícola como algo propio y, sobre todo, “a los sencillos y honestos hombres del campo”. Os diré que, recordando con cariño a mi abuelo materno, hombre sencillo y de pocas letras, con los pequeños ahorros de toda una vida se hizo con un pequeño terreno agrícola con derecho a riego desde canal o acequias: tan sólo unas 5 fanegas de tierra de riego (en Valencia, una fanegada= 831 m2. Luego serías unos 4.150 m2). Este pequeño huerto fue su particular ilusión, su universo, su trabajo diario, su alegría y orgullo, el sentido de la humana laboriosidad en su postrera jubilación, su vida. De él obtenía, respetando siempre los ciclos productivos y con técnicas agrícolas naturales, sabrosos tomates, habas tiernas, frescas lechugas o enormes cebollas; además de frutas varias como aceitunas, manzanas, melocotones, albaricoques, higos, membrillos o melones. También su verde huerto, y sus alrededores campestres, le ofrecían otros productos “silvestres” como linsones, romero, tomillo, manzanilla, hinojo, pebrella o… ¡caracoles! Que mi abuelo te regalará un kilo o dos de su cosecha, de los productos naturales y sabrosos de su huerta, era para él el mayor honor y la más alta muestra de agradecimiento o estima que te podía ofrecer. ¡Ay, si mi abuelo levantará la cabeza! Mejor que no, se llevaría un disgusto morrocotudo. No entendería la tremenda transformación que en algunas cosas hemos sufrido en la actualidad. Hoy día, el chico enamorado y galante fogoso le regala a su novia… ¡un fin de semana en un hotel de la costa! (lo que no deja de ser un autoregalo, ¿verdad? ¡Ay, qué cosas tiene mi novio!). O, otro ejemplo, el abuelo vería que hemos reducido, en la mayoría de las ocasiones, nuestras muestras de cariño, estima o gratitud a un simple mensaje de móvil acompañado de unos cuentos pequeños y coloridos emoticonos… ¡ya hemos cumplido, tú! No, seguro. Mi campechano abuelo no entendería esta homogeneidad tan trivial y liviana en que hoy se han convertido los gestos de cordialidad y agradecimiento. Él regalaba y compartía su sudor, su esfuerzo, el orgullo de un trabajo bien hecho, exigente y muy duro; regalaba, con sus hortalizas y frutas, un gesto noble y una entrega sincera y muy humana que se materializaba en un hermoso tomate o un aterciopelado y aromático melocotón, frutos todos a los que podía uno pasarse varios minutos mirándolos complacido y sintiendo sus aromas, ¡se agradecían sinceramente! Se me ocurre un ejemplo clarificador y gracioso para que os hagáis todos una idea acertada del asombro o perplejidad de mi abuelo en algunos asuntos de actualidad. Imaginar que Franco, Caudillo de España (por la poca gracia de Dios), levantará la cabeza en medio de un concierto de… ¡los Mojinos Escozidos! Vamos, que no aguantaba el concierto entero, seguro. De la tremenda impresión y susto que le causaría el provocador Sevilla y su histriónica banda, le daría un soponcio tal que de inmediato se volvería para el más allá más encantado que otra cosa (je, je, je. Pero qué películas se manta este amigo duende). En fin, que en lo relativo a gestos de cordialidad y agradecimiento, entre los de ayer y los de hoy, creo, no hay color.

Hacienda agrícola.

Hacienda agrícola.

Pero lo que a mis abuelos más les molestaba era la manifiesta y siempre mal intencionada mofa que la arrogancia estúpida del hombre de ciudad les solía regalar en cuanto se les presentaba la ocasión (además, casi siempre, irrespetuosa, mal educada y muy desconsiderada). Como hemos dicho, el hombre del campo, suele ser un hombre sencillo (ojo, nunca “sencillo” en sentido peyorativo), y honesto. Casi siempre es un innegable trabajador que en toda época ha estado trabajando en el filo de la navaja, sujeto a las inclemencias del tiempo o a los caprichos de los dioses (los seguros agrícolas son cosas de anteayer).  El agricultor, enfrentado a su parcela de labor, muchas veces se sentía como una diminuta hormiga en una enorme mesa de billar, y nunca tenía la seguridad de que su tremendo trabajo fuera a resultar en una productiva y enriquecedora cosecha, pues un pedrisco, una enfermedad, parásitos, un saqueo o cualquiera otra negativa circunstancia imprevista e inevitable podía ser la causa de su pobreza y de la de su familia, sin que su entregada labor hubiera supuesto otra cosa que tristeza y desesperanza. Tremenda tragedia familiar que sólo era superada si habías tenido la personal prudencia del ahorro preventivo. Y, un año más, había que empezar de nuevo, con renovada ilusión y nuevos bríos, mirando al cielo con temor y volviendo a encomendarse a santos, vírgenes y dioses, con la sentida esperanza de verse libres de un segundo año aciago que sería, con toda seguridad, del todo insuperable. Y así el ciclo de la fertilidad ha sido casi inmutable a lo largo de la historia de la humanidad. Como una noria de río que gira y gira sin detenerse, la agricultura ha repartido estacionalmente sus bondades o sus penurias, sus riquezas y sus miserias, y ha acompañado a los humanos y sus proles en su desarrollo y evolución; aunque siempre, eso sí, el hombre de campo ha tenido que bregar y acomodarse a sus tiempos y caprichos, a sus “gracias” y a su mieles, dando las gracias a la tierra en las buenas y resignándose en las malas. Así que es muy cierto que el “rudo agricultor” es posible (sólo posible, que también los hay muy al día, claro) que no esté a la última en tablets o en mensajería whatsapp, que no disponga del último modelo de Aifont, que no participe en Facebook o en Twitter, o en alguna de estas otras cosas tan imprescindibles e irrenunciables para los ciudadanos de hoy día, pero, por el contrario y para ser sincero, el hombre de campo hace gala en mayor medida de otra sabiduría algo más práctica, que en muchas ocasiones escasea entre el introvertido y atolondrado ciudadano de una gran urbe, y que le sirve para llevar con eficacia y acierto sus labores agrícolas: la prudencia, la previsión, la sensatez, la hermandad y la racionalidad, sin contar con la honradez, la honestidad o la laboriosidad que ya las doy por supuestas (siempre generalizando, claro, que “no todo el monte es orégano”). El obrero industrial o de servicios, el funcionario o el siervo doméstico, cuyas actividades y beneficio personal no están expuestos con tanta insistencia a los vaivenes del destino, tal vez no entiendan bien el sacrificio e inseguridad que el trabajo del campo supone y se sientan, equivocadamente, “algo” superiores a estos “rústicos del campo”. Pero esto no quiere decir, ni justifica, que no deba guardar un educado respeto y una considerada actitud ante el campesino. Si el agricultor, después de su considerable esfuerzo y sacrificada entrega, cuando acude a la ciudad a resolver asuntos varios, se encuentra con actitudes arrogantes y con términos despectivos del estilo de “cateto”, “paleto”, “palurdo”, “cazurro”, “gañan”, “pueblerino” y demás lindezas, es para darle un buen sopapo al tan “ilustrado  y elegante señorito”  por “engreído”, “engominado”, “capitalino”, “chupatintas” o “aristócrata de boli”, pues se lo tendrá muy merecido por necio, estúpido y vanidoso.

La esperanzas de un futuro mejor.

La esperanzas de un futuro mejor.

En fin, que si a mis dos abuelos les disgustaba mucho la arrogancia del “cagatintas capitalino” de turno, también es muy cierto que hubieran mostrado una sincera sonrisa de aprobación ante la escena de la solución final del sopapo justiciero y regulador propiciado por el ninguneado campesino. Yo, este duende, hoy quiero homenajear con una bonita selección de tarjetas postales a los esforzados y sufridos hombres del campo y a sus familias, a su encomiable labor y a esa sincera y hermosa comunión intemporal que se produce entre los humanos (y los duendes) y la tierra. Pues, si algo hay de verdadero en este mundo nuestro, es que la tierra nos facilita amablemente la vida, nos ayuda a ser mejores personas y, la paciente tierra, estoicamente nos aguarda y recoge en nuestro final de trayecto, ¡qué menos que ser agradecidos y respetuosos, señores! Con toda mi mejor intención y sincero afecto, espero que os gusten estas hermosas postales. Ojalá que estas bonitas estampas sirvan para afianzar de alguna manera vuestra personal autoestima campesina o para que aumente en algo la buena consideración profesional hacia los trabajadores del campo, o que, sencillamente y en cualquier caso, os hagan pasar un pequeño rato relajado, feliz y agradable,  ¡os lo tenéis muy merecido, campesinos del mundo!  

“Sin importar que tan urbana sea nuestra vida, nuestros cuerpos viven de la agricultura; nosotros venimos de la Tierra y retornaremos a ella, y es así que existimos en la agricultura tanto como existimos en nuestra propia carne. Wendell  Berry, escritor y granjero estadounidense (1934- ).

LA TARJETA POSTAL: LONDRES. La última Metrópolis.

Hola a todos.

Hoy, nuestras tarjetas postales nos llevaran a dar un pequeño paseo por una de las ciudades más cosmopolitas y bellas del mundo.

LA TARJETA POSTAL: LONDRES. La última Metrópolis.

“No encuentras a nadie, sobre todo a ningún intelectual, que esté dispuesto a abandonar Londres. No, señor, cuando un hombre está cansado de Londres, está cansado de la vida; en Londres está todo lo que la vida puede ofrecer.”  Samuel Johnson, escritor inglés (1701-1784).

 

James Tissot: Turistas de Londres.

James Tissot: Turistas de Londres.

La actual ciudad de Londres está formada por el núcleo original de La City más 32 municipios más. Esto se considera como el Gran Londres (the Greater London). Pero además de esta aglomeración urbana existe un área circundante que es conocida como la Región Metropolitana de Londres (The London Metropolitan Region). Esta región tendrá un diámetro aproximado de unos 120 kilómetros y está formada por numerosos y populosos condados históricos del sureste de Inglaterra. La altitud media de la ciudad está en torno a los 24 metros sobre el nivel del mar. En el censo del año 2013, el Gran Londres tenía una población aproximada de 8.300.000 habitantes, mientras que su área metropolitana alcanzaba los 15.000.000 de habitantes, siendo el área urbana más grande de Europa. Su clima es templado oceánico. Es decir, inviernos fríos y veranos templados, además de fuertes niveles de lluvias. Las temperaturas medias de invierno estarían entre -4ºc y 14ºc y en verano entre 20ºc y 24º c, aunque las extremas temperaturas registradas son 38º en verano y -16ºc en invierno. En sus inviernos suele nevar unas cuatro o cinco veces entre los meses de diciembre y febrero. En cuanto a sus niveles de lluvia, pese a su fama de ciudad lluviosa, en Londres llueve una media de 592 mm anuales (por ejemplo, en Madrid, 421 mm; en Roma, 834 mm; en Burdeos, 923 mm.). Y, sobre todo las cosas benefactoras, hay que destacar que disfruta del enorme privilegio (porque no se puede llamar de otra forma) que le proporciona su estratégica situación en las frescas riberas del navegable y enriquecedor río Támesis, que hoy divide a la gran urbe en dos mitades, norte y sur. Bueno, con todo lo dicho se puede comprobar que es una ciudad que ofrece una muy buena calidad de habitabilidad medioambiental para los humanos (y para los duendes; que luego me riñen mis primos de allí por la descortés omisión).

Torre de Londres.

Torre de Londres.

Una historia telegráfica y sucinta. No existen vestigios arqueológicos que nos confirmes la existencia de algún poblado de britanos anterior al asentamiento romano, por esto se considera la fundación, en el año 44 d.c., en la margen izquierda y norte del río, de la base romana de Londinium como el nacimiento de la ciudad (en su apogeo, allá por el siglo II d.c., Londinium alcanzaría los 60.000 habitantes). Esta primera urbanización romana sería el epicentro de la actual ciudad, la City de Londres. Y esta City, a su vez, se considera el centro de toda la zona urbana del Gran Londres. Este primer asentamiento romano sufriría ataques y saqueos por parte de las tribus autóctonas que fundarían, un poco más al noroeste (hacia el actual Covent Garden), la ciudad de Lundenwic. En el siglo IX se producen las incursiones vikingas que obligan a los anglosajones a volver al refugio de las antiguas murallas romanas de Londinium, vamos que se regresa al asentamiento que se sitúa en la actual zona de la City. En el siglo X nace el Reino de Inglaterra y un siglo más tarde los reyes anglosajones construyen la primera Abadía de Westminster. En 1066, Guillermo, duque de Normandía,  se proclaman rey Inglaterra, iniciando una nueva dinastía normanda y desplazando a los anglosajones. Pronto la ciudad de Londres empezó a transformarse, siendo de las primeras intervenciones la construcción del recinto fortificado de la Torre de Londres. En 1097, se construiría el Salón de Westminster que será el núcleo embrionario del futuro Palacio de Westminster. Hacia el siglo XIV Londres ya alcanzaría la cifra de los 100.000 habitantes, pero ahora iba a sufrir otra de sus más dramáticas pruebas: La Peste Negra. Esta epidemia acabó con un tercio de su población.

Palacio Real de Backingham.

Palacio Real de Backingham.

En el siglo XVI, con Enrique VIII (al cual, si hubiera que añadirle un apelativo, como es costumbre entre la realeza, sin duda sería conocido como Enrique VIII el Voluptuoso), Inglaterra sufrió la Reforma Tudor que la llevo del catolicismo al Anglicanismo. Muchas de las propiedades de la Iglesia católica, por expropiación forzosa, pasaron a manos privadas. Fue una época de gran auge comercial que convirtió a Londres en el mayor puerto comercial del Mar del Norte. Como consecuencia de esta prosperidad, hacia comienzos del siglo XVII, la población de la capital alcanzó los 225.000 habitantes. Pero, de nuevo, en este siglo XVII, Londres sufrirá varias epidemias y catástrofes varias: en 1665, una epidemia de peste, La Gran plaga de Londres, acabó con 1/5 de toda su población (se estima que unos 100.000 habitantes fallecieron). Un año después, padeció el Gran Incendio de Londres, que se inició en la City y se propagó rápidamente por aquellos propicios edificios de madera, acabando con gran parte del centro urbano. Pero esta ciudad es indestructible y sus ciudadanos muy tenaces y constantes, cosas estas que han demostrados en multitud de ocasiones, además también son muy laboriosos y saben trabajar muy bien en equipo. Así, impulsada por el tenaz carácter de sus ciudadanos y por la inercia de su laboriosidad, la ciudad se recuperó muy pronto de todas esas difíciles pruebas y a principios del siglo XVIII ya se levanta la impresionante catedral de San Pablo (St. Paul), obra del arquitecto Christopher Wren (1632-1723). En 1762, el rey Jorge III compra la Casa de Buckingham, que con el tiempo se transformaría en el majestuoso Palacio de la Familia Real. En este siglo XVIII, Londres se embellecía con el barroco y el rococó, gracias al comercio y a unas clases aristocráticas floreciente y enriquecida. Pero no todo era de color de rosa en aquel Londres del viejo orden. Por esta época existía una explotación del ser humano metódica y despiadada: el 74% de los niños morían antes de cumplir los cinco años, por ejemplo. A este siglo se le conoce en toda Europa como el siglo de las luces y, claro, también fueron muchas las luces de Londres: la alfabetización y la imprenta no paró de avanzar y desarrollarse entre un número cada vez mayor de sus ciudadanos.

Muy londinense: Piccadilly Circus.

Muy londinense: Piccadilly Circus.

La ciudad de Londres fue la mayor ciudad del mundo entre 1831 y 1925. Y esto fue debido a la prospera época del Imperio Británico (en su mayor parte, es la conocida como Era Victoriana -1837/1901-), el mayor y el rico imperio que ha conocido la humanidad. Todavía la ciudad tuvo que sufrir varias epidemias de cólera: la de 1848, que causo unas 14.000 víctimas y, de nuevo, el cólera de 1866, que cosechó unas 6.000 víctimas. En 1908, Londres acogió, con gran éxito y brillantez, sus primero Juego Olímpicos. Pero, a toda época de vacas gordas le llega su época de vacas flacas y éstas llegaron en las dos sucesivas y trágicas guerras mundiales del siglo XX que padeció el Imperio Británico. Sobre todo, durante la Segunda Guerra Mundial, en la cual se sometió a la ciudad a los terribles bombardeos de la despiadada Luftwaffe alemana; gran parte de la ciudad quedó destruida y las víctimas se estimaron en unos 30.000 londinenses. Para salvar a los niños de este imprevisible (aunque controlado) infierno, el gobierno inglés puso en marcha un programa de evacuación que distribuyó a todos esos pequeños por toda la campiña del Reino Unido en busca de una mayor seguridad (cosa que se consiguió, para alegría de todos y especialmente de mis queridos primos, los duendes de la bella Ávalon). Nada más finalizada la Segunda Guerra Mundial, a modo de un arrebato de dignidad patria, Londres albergó sus segundos Juegos Olímpicos. Aún en el año 1952 la ciudad sufrió otra tragedia: La Gran Niebla. Ésta fue más densa de lo habitual en la ciudad y estaba contaminada con azufre, lo que causo unas 12.000 víctimas.

Transporte Urbano.

Transporte Urbano.

Pero después de la Segunda Guerra Mundial Londres iba a sufrir una gran transformación. Su imperio de ultramar empezó a disgregarse y la ciudad empezó a recoger a una gran población de emigrantes de todos esos nuevos países independientes. Así, Londres se pobló de expatriado de la India, Pakistán, Bangladés o Jamaica, por mencionar sólo a algunos. Hoy día la ciudad, junto con Nueva York, se sigue considerando como una de las más cosmopolitas del mundo. En 1965, ya era más que manifiesto que la ciudad se había convertido en the Greater London, con lo que se fundó su órgano de administración propio: El consejo del Gran Londres. En 1980 Londres ya era una de las más modernas y bellas ciudades del mundo, además de haberse convertido en un referente mundial como centro de comercio y finanzas. En 1986, se abolió la institución del Consejo del Gran Londres para proceder a su modernización y mejora que se produce en el año 2000 con la creación de La Autoridad del Gran Londres. En el 2005 la ciudad padeció la cobarde violencia terrorista con los atentados que se produjeron en el Metro y en las líneas de autobús y que tuvieron como consecuencia cincuenta y seis muertos y más de setecientos heridos. Pero, como no podía ser de otra manera, la metrópolis se volvió a levantar  con su característico orgullo y gallardía y así organizó sus terceros juegos olímpicos en el año 2012, habiendo sido uno de los juegos más exitosos y brillantes de toda la historia olímpica.

The Guild Hall (Ayuntamiento).

The Guild Hall (Ayuntamiento).

El Imperio Inglés, como hemos dicho ya, ha sido el mayor, más conectado y más rico imperio conocido por la humanidad. A principios del siglo XX la Gran Bretaña dominaba el 20% de la superficie terrestre, el 23% de la población mundial y sus riquezas de ultramar multiplicaban enormemente la de cualquier otro país desarrollado. Con estos condicionantes, Londres ciertamente era una auténtica Metrópolis.  Como capital de este último imperio,  a ella se dirigían todas las riquezas, las finanzas y el comercio de toda aquella inmensa globalidad administrada. Aunque a todo imperialista le gustará decir que ellos propagan la civilización allí donde van, esto es sólo una verdad a medias. Toda empresa imperialista es, fundamentalmente, una empresa comercial. De lo que se trata siempre nunca es de prioridades humanísticas para modernizar un país o mejorar la vida de los autóctonos del lugar (esto suele ocurrir únicamente por inercia de la propia actividad comercial), sino de explotar sistemáticamente sus riquezas, la mano de obra barata o de realizar expolios de todo tipo, más o menos disimulados, a favor de la metrópolis imperial. Y los ingleses, como tantos otros imperios predecesores (incluidos nosotros los españoles), no fueron distintos.

The National Gallery.

The National Gallery.

Durante toda la época victoriana y como producto de este rápido enriquecimiento imperialista, la ciudad de Londres, y toda Inglaterra en general, se modernizaron y embellecieron: líneas de ferrocarril, tranvías metropolitanos, grandes edificios públicos espectaculares (y éstos en todos los estilos: estilo gótico vertical, neo-clásico, neo-romántico, modernismo, etc.), museos, teatros, etc. Vamos, que así, con este enorme flujo de riquezas, cualquiera, ¿verdad? Sí, Londres sigue siendo hoy día una de las ciudades más hermosas y acicaladas del mundo, aunque sea en gran parte producto y consecuencia de las riquezas conseguidas por un metódico y pragmático imperialismo que ha tenido como consecuencia directa el retraso social y de progreso civil de otros muchos países del resto de continentes. Pero, eso sí, los ingleses siempre han sabido hacer bien las cosas: todavía siguen manteniendo buenas relaciones con algunos sus liberados súbditos a través de una especie de entente amigable que se escenifica en un reconocimiento nominal de un común Jefe de Estado en la figura de la actual reina de Gran Bretaña, la Reina Isabel II. Se trata de la conocida Comunidad de países de la Commonwealth (básicamente, asociación o mancomunidad libre de estados independientes con lengua inglesa y que se apoyan y asesoran en asuntos de interés común).

Catedral de St. Paul desde el río.

Catedral de St. Paul desde el río.

El moderno Londres actual es un enorme damero urbanístico repleto de hermosos y singulares edificios en casi todos los estilos, salpicado de enormes y frescos espacios verdes, y surcado por amplias y concurridas avenidas muy comerciales y luminosas. Su exploración y reconocimiento requerirá del ocasional turista algún tiempo y paciencia. Son tantos y tan destacados los lugares a visitar que su sola enumeración convertiría a esta entrada en una voluminosa guía turística. Lo mejor es que el turista se sitúe en el espacio urbano de la original City, que haga de este enclave central su punto base, y que se disponga un día a explorar hacia el oeste, otro al norte, al este y, por último (o en primer lugar, el orden no cambia el producto en este caso), atravesando el caudaloso Támesis, el sur de la ciudad. Cada una de estas salidas le garantiza el descubrimiento de singulares paisajes urbanos, de avenidas luminosas y frondosos parques, monumental arquitectura, hermosos monumentos y, en suma, de cientos de bella y asombrosas fotografías para recordar de forma imborrable a esta maravillosa ciudad. Londres nunca defrauda porque, no lo olvidemos, esta gran ciudad recoge en su rico y amplio casco urbano la historia viva de un enorme imperio y una gran nación. Pero, claro, aquí no acaba la cosa. Si deseamos realizar desde el mismo Londres excursiones algo más alejadas, hacia su periferia y a otros condados cercanos, también será un sin fin de descubrimiento placenteros y de hermosas estampas turísticas. Podríamos visitar las hermosas ciudades universitarias de Oxford y Cambridge (que, como diría, nuestro admirado escritor Javier Marías, parecen “conservadas en formol”), las asombrosas ciudades de Brighton, Canterbury, Winchester o Rochester, o la cercana campiña inglesa repleta de villas y palacios señoriales. En fin, que ciertamente nos dejamos muchos lugares hermosos por nombrar pero os pedimos disculpas y comprensión porque, por encima de todo, no queremos cansar. Que se canse, a su antojo o resistencia, paseando la ciudad y su entorno, el aventurero turista, ¿no?

Teatros de Londres.

Teatros de Londres.

Y luego tenemos la exquisita, múltiple y asombrosa oferta cultural. Como dijimos al principio en la recordada frase de de Samuel Johnson, en Londres un intelectual (o simplemente cualquier alma curiosa), encontrará todo lo deseable para su placentero enriquecimiento personal. Tal vez sea en estas parcelas, la museística y cultural, donde más se aprecia esa diversidad de ciudad cosmopolita y Metrópolis Imperial. De los expolios de aquella época victoriana se nutrieron de forma singular y única todos los museos y sociedades culturales del Gran Londres. Pero esto es agua pasada, perdón por la reiteración. Lo cierto es que sus museos, pinacotecas, bibliotecas y sociedades científicas y culturales nos ofrecen singularidades y bellezas artísticas como en ningún otro lugar del mundo podremos encontrar. Para descubrir y disfrutar de este Londres lleno de multitud de ofertas culturales también necesitaremos algún tiempo y una buena cantidad de paciente curiosidad. Pues ya no se trata únicamente de la oferta cultural estática mencionada, sino también de su variada oferta cultural programada: auditorios, teatros, ballets, exposiciones, conciertos y otros muchos actos públicos de interés son la tónica ininterrumpida del año cultural de la ciudad. En fin, que este manifiesto amor por el arte y la cultura es lo menos que se puede esperar de la ciudad de los William Shakespeare y su The Globe theatre, de Georg Händel, Lord Byron, Mary Shelley, Charles Dickens, Sherlock Holmes (bueno, Sir Arthur Conan Doyle), George Orwell,  los sagaces Blake y Mortimer o Eric Clapton, por nombrar, a bote pronto, a algunos  de sus muy ilustres ciudadanos.           

Centro de Londres.

Centro de Londres.

Bueno, una vez conocido un poco la ciudad, su historia y sus envidiadas riquezas, podemos hacernos una idea del carácter del londinense en particular y del inglés en general: son iguales en lo básico a cualquier humano de cualquiera otra parte del mundo. Aunque es proverbial su característica flema inglesa, su rigurosa puntualidad o su seca seriedad (hay quien dice que con un chiste inglés sólo se ríen… ¡las hienas! Ojo, yo no estoy de acuerdo. Siempre recordaré con cariño y agradecimiento los buenos momentos y las risas que les debo a Benny Hill, a Mr. Bean, a los Monty Python o a los inolvidable George y Mildred, Los Roper). También es cierto que al auténtico gentleman inglés les gusta lo que a todos nos agrada: la elegancia de un porte noble, algún adorno personal que destaque (pero sin rayar lo ostentoso), la buena música, el baile, las cervezas en buena compañía, que gane nuestro equipo de futbol (algo muy inglés; aunque aquí, en muchas ocasiones, el educado señor inglés se nos transforma en voceros y descontrolados hooligans) o que nos amen hermosas muchachas; todo muy normal. Pero no nos olvidemos nunca que su particular carácter patrio también se ha forjado en una historia de sucesivos desastres, pruebas de valor, dolor y muerte, y que este pueblo siempre las ha superado con entereza, valentía y fe en sus creencias.

Gibraltar español.

Gibraltar español.

En fin, que un inglés es un tipo de lo más normal y simpático. Buena gente en general, que por el honor de su Union Jack o por un quítame allá unas pajas y con seis, ocho o diez cervezas entre pecho y espalda, es capaz de partirse la cara con el mejor pintado (y de esto da fe todos y cada uno de los alegres veranos de la divertida villa de Benidorm en el soleado levante español que, como bien saben ellos, es un autentico paraíso terrenal lleno de diversión a raudales, bellas y esculturales chicas, refrescantes bebidas a “barra libre”, comercios que encandilan al rey Midas y música, bailes y pachangas ininterrumpidos… Ah, sí, perdón, también están las playas). Y su carácter, el carácter inglés de gente laboriosa y honrada, creo sinceramente que se refleja en su bella y acicalada capital; tan hermosa y admirada hoy como le deseamos que sigua siéndolo en los prometedores y futuristas venideros siglos. Vamos que, sin pretender parecer para nada presuntuoso, permitirme decir que sinceramente pienso que el paseo que os ofrezco por el viejo Londres con esta selección de postales es muy hermoso. Ahora bien, igualmente me vais a permitir, como duende español y con todo mi respeto y cariño pero con la mayor de las franquezas (todas estas características propias de los de mi especie duendil), el dejar una cosa muy clara antes de terminar: escuchar con atención majestades y príncipes, miladys, milores, gentlemen u hooligans… ¡Gibraltar es nuestro!