LA TARJETA POSTAL: EL CABALLO.

Hola a todos.

Hoy trataremos con nuestras postales a un precioso animal que ha acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales.

LA TARJETA POSTAL: EL CABALLO.

“ Y mientras cabalgaba, mi corazón resonaba en el prado húmedo; resonaba en el resoplar y el tascar del freno de mi caballo tordo, y una dicha inefable iluminó mi corazón, y supe que si dejaba ahora este mundo, caería en el paraíso”.  Barón de Münchauser.

A los duendes nos encantan los caballos.

A los duendes nos encantan los caballos.

Estas palabras, leídas en las famosas hazañas de este estrafalario y presumido aventurero, reflejan con sencillez y sinceridad los sentimientos que experimentan muchos de los miles de jinetes que a diario disfrutan de sus queridas monturas. A los duendes nos gustan mucho los caballos pero nunca hemos subido a lomos de uno (no damos la talla, claro), pero no nos cabe ninguna duda de que, para los buenos jinetes de todas las épocas, cabalgar con su caballo es uno de los grandes placeres de su vida, y que el cariño extremo y sincero que llegan a sentir por ellos no se puede explicar con palabras.

Libertad

Libertad

El caballo es un animal que en libertad vive en manadas, guiadas normalmente por un líder, que en la mayoría de las ocasiones suele ser una yegua. Por este motivo podemos decir que es un animal de carácter sociable y esta sociabilidad también ha sido una causa muy favorable en el proceso de su domesticación por el hombre. La doma de los primeros caballos se pierde en la noche de los tiempos, aunque algunos, por los vestigios arqueológicos encontrados, la situarían sobre el 3.600 a.c. en el Asia Central. Los potrillos suelen alcanzar la madurez y ser adecuados para su monta sobre la edad de cuatro años. Como la vida media de un caballo ronda los 25 años (aunque algunos ha llegado a vivir 35 años e incluso, en algunos casos excepcionales, más años), la mayoría de los jinetes pueden disfrutar de sus monturas preferidas durante más de 20 años ininterrumpidos.

Compañeros de aventuras.

Compañeros de aventuras.

A grosso modo podemos clasificar los caballos en tres grupo principales: Caballos Pesados, o de tiro; Caballos ligeros, o de silla; Ponis y otros caballos pequeños. En cuanto por color, hay una gran variedad: Alazán, albino, bayo, blanco, Castaño o zaino, negro, palomino, ruano, tordo, etc. La velocidad del caballo varía según su Aires: Al paso, alcanza entre 6 y 7 km/hora; Al trote, unos 15 km/hora; Al galope, la media estaría en unos 20 km/hora, pero la velocidad máxima estaría en unos 65 km/hora. En las razas mejor no entramos para no cansar, pues son decenas de razas distintas. Si tenéis curiosidad por el tema y deseáis ampliar conocimientos, ya se sabe… ¡a explorar en la red!

Caballos de España.

Caballos de España.

El caballo, como lo seres humanos, tiene infinidad de caracteres distintos: broncos, dóciles, asustadizos, violentos, etc.; pero también son animales muy inteligentes, nobles y sacrificados. Algunos apasionados amantes de estos animales les atribuyen cualidades de sensibilidad, percepciones, amor e inteligencia casi humana o incluso, en algunos aspectos, más acentuadas. Que el caballo es el animal de más apreciada estampa es algo incuestionable, sólo hay que ver la cantidad de estatuas ecuestres de héroes patrios y militares entorchados que hay diseminadas por todo el mundo. Y luego están los más famosos caballos que han pasado a la historia y permanecen en el recuerdo de todos: Pegaso, el precioso caballo alado; El Unicornio, el caballo mágico; Bucéfalo, de Alejandro magno; Marengo, de Napoleón; Babieca, de El Cid; Siete leguas, de Pancho Villa; Othar, de Atila; Palomo, de Simón Bolívar; As de Oros, de Emiliano Zapata, Lazlos, de Mahoma; o Rocinante, de Don Quijote; Silver, del Llanero Solitario; Pequeño Tío, de Pippi Calzaslargas, y el más mediático de todos, Furia, el precioso caballo negro de la tele; vamos, todos celebridades inolvidables en el cariño de los seres humanos (y de los duendes).

Fiel amistad y cariño sincero.

Fiel amistad y cariño sincero.

A lo largo de la historia el ser humano no es que haya hecho uso del caballo, no, sinceramente, ha hecho abuso. Hoy día el papel de los caballos en las sociedades modernas es mucho más limitado que en otras épocas pasadas. Se podría decir que hoy, en las sociedades desarrolladas, el papel de los caballos queda relegado al deporte (el Polo, las carreras, los rodeos, la caza y no mucho más), a algunos festejos populares o espectáculos (el circo, los Toros, festejos o desfiles, etc.)  y como elementos de distinción social o gran lujo, pero esto no ha sido siempre así. No hay que retroceder mucho en el tiempo para contemplar que su número y difusión geográfica eran mucho mayores y que participaban en tareas de todo tipo: agrícolas y ganaderas, civiles, militares, etc. Las gestas de este animal junto al hombre son innumerables y, algunas, tristemente irracionales o muy absurdas. Así al pobre caballo el ser humano se lo ha llevado de acompañante forzoso a exploraciones de junglas y tierras ignotas, a las guerras más atroces, a las batallas más sangrientas, a cargas de caballería suicidas, a los fríos más insufribles del Polo y a los calores más espantosos del desierto. Y, se puede decir, que el caballo nunca le falló, siempre estuvo a la altura de lo que se esperaba de él, cosa que, la verdad, no siempre se ha podido decir de los humanos (si alguien se siente ofendido, que sean benevolentes y disculpen a este duende arrogante; es un defecto muy común entre los de mi estirpe cuando nos comparamos con los humanos).

Caballos criollos de La Pampa.

Caballos criollos de La Pampa.

Si os queréis aproximar al cine buscando al caballo como protagonista hay muchas y muy buenas películas pero las que yo recuerdo ahora mismo son: Muerde la Bala, de Richard Brooks (1975); El corcel Negro, de Carrol Ballard (1979); El hombre que susurraba a los caballos, de Robert Redford (1998); Océanos de Fuego (Hidalgo), de Joe Johnston; o, la última de Steven Spielberg, Caballo de Batalla (2011). Cualquiera de ellas os hará pasar un buen rato en compañía de habilidosos jinetes y sus preciosas monturas.

El fragor de la batalla.

El fragor de la batalla.

En las postales que hoy compartimos con todos vosotros vemos a estos preciosos caballos en distintas tareas y situaciones de su ajetreada historia: en la lucha, en el deporte, en el trabajo y en otras variopintas escenas. Espero que os gusten y os hagan reflexionar un poco sobre este noble y hermoso animal que, con su presencia y bella estampa,  nos hace algo más alegre y llevadera la existencia a todos los seres, hombres y duendes, con un poco de sensibilidad y cariño hacia los magníficos equinos.

“Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo”. Ricardo III, de William Shakespeare.