LA TARJETA POSTAL: LA CRUZ ROJA.

Hola a todos.

Hoy toca el turno de homenajear a un organismo internacional de los que nos hacen sentirnos orgullosos, a todos, hombres y duendes, de la especie humana.

LA TARJETA POSTAL: LA CRUZ ROJA.

“La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por lo tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.” John Donne, poeta inglés (1572-1631).

Bendita Cruz Roja.

Bendita Cruz Roja.

Los seres humanos se atribuyen la cualidad de ser los únicos animales racionales existentes (cuando no es verdad, claro. Omiten a los duendes, hadas, elfos e incluso ¡a los cortitos trolls!). Pero, a decir verdad, algunos de vuestra especie parecen empeñados en demostrarnos a todos que en su evolución aún están más cerca de los primeros homínidos que del Homo Sapiens. Todas las personas son imprecisas en su carácter y tan variables como lo son las huellas de sus dedos; vamos, que no hay dos personas iguales, ni nadie es totalmente bueno ni totalmente malo. Así, hay personas que tiende a inclinarse a cualidades buenas y dignas de admiración: la bondad, la honradez, la honestidad, la valentía, la sinceridad, etc., y se les conoce como Buenas Personas o Buena gente. Otras, por el contrario, tienden a inclinarse a las contrarias cualidades, las malas y reprobables: a la mentira, la envidia, la mezquindad, la avaricia, la violencia, etc., y se les designa como canallas, sinvergüenzas o cosas peores.

Voluntarias: entrega, amor y nobleza.

Voluntarias: entrega, amor y nobleza.

A mayor escala, la humanidad o las naciones, se comportan igual que las personas (y los duendes no sabemos explicar el por qué de este comportamiento irracional). Y así, en determinas épocas, algunos gobiernos, a través de sus políticas y políticos, sufren mayores inclinaciones canallas que de otro tipo y se empujan a los seres humanos a las guerras, los crímenes y las situaciones más inhumanas que imaginar se pueda. La historia de la humanidad está llena de atrocidades y guerras que confirman esto dicho de forma incuestionable. Pero, es bastante curioso, también en estas situaciones extremas se producen los actos de humanidad más excelsos y encomiables, las heroicidades más asombrosas y los sacrificios más grandiosos; es decir, estas situaciones extremas también sacan de los hombres los actos de Verdadera Humanidad más maravillosos.

Batalla de Solférino.

Batalla de Solférino.

Dentro del proceso histórico que se conoce como Unificación Italiana, el día 24 de Junio de 1859, en el norte de Italia, se produce la sangrienta batalla de Solferino. Por un bando estaba el ejercito austriaco del emperador Francisco José I, que lo componían aproximadamente unos 100.000 hombres. Del otro bando el ejército de Francia de Napoleón III y el del Reino de Cerdeña y Piamonte de Víctor Manuel II, con un total de 120.000 soldados. Después de nueve horas de intensa lucha el ejército austriaco se rinde. El resultado de víctimas de esta batalla está estimado en 5.500 muertos, 12.000 capturados o desaparecidos y cerca de 25.000 heridos. Vamos, que no se puede imaginar ningún escenario más dantesco y terrorífico que el de más de ¡40.000 almas! desperdigadas por el campo de batalla sin ninguna esperanza de auxilio o atención humanitaria, soldados totalmente desamparados, condenados a una agonía terrible y desoladora.  Y aquí, en este preciso momento, apareció en escena una de esas Personas Buenas en extremo que aparecen de vez en cuando en la historia para orgullo de la especie humana.

Jean Henri Dunant en la eterna tarde de Solférino.

Jean Henri Dunant en la eterna tarde de Solférino.

Jean Henri Dunant (1828-1909), era un hombre de negocios suizo y un filántropo vocacional. La misma tarde del día de la batalla de Solferino, sobre el campo de batalla, presenció ese horrible espectáculo de desolación y muerte y su alma ya no pudo permanecer impasible. Con todos los medios que pudo conseguir (se le considera el inventor del popular maletín de primero auxilios) y con la ayuda de los aldeanos de las inmediaciones, a los que bajo el lema de “Tutti Fratelli” (Todos hermanos) impulsó a ayudar a los heridos sin mirar de qué bando eran, se entregaron hasta la extenuación a atender a todos en una sacrosanta cruzada de hermandad y caridad humana. Tres años más tarde de esta batalla publicó sus terribles experiencias de aquel día en el libro titulado Recuerdos de Solferino, donde plasmó los principios generales de la futura sociedad humanitaria de la Cruz Roja.

Jean Henri Dunant.

Jean Henri Dunant.

En el año 1863 se formo el Primer Comité Internacional de la Cruz Roja y tan solo un año más tarde, en el 1864, se produce el Primer Convenio de Ginebra, donde los doce países fundacionales aceptan las condiciones y normas que iban a permitir el nacimiento de la Cruz Roja Internacional. Desde un principio destinada a mitigar la miseria, las enfermedades y, sobre todo, a Humanizar las Guerras, como así ha sido desde entonces y especialmente en las dos grandes guerras mundiales del siglo XX, donde se dieron muestras de heroísmo y valor inolvidables por parte de los voluntarios de esta maravillosa institución. En el año 1901, el mundo reconoció el grandísimo mérito humano de Jean Henri Dunant otorgándole el Premio Nobel de La Paz, nunca más merecido.

Ángeles del cielo.

Ángeles del cielo.

Hoy día La Cruz Roja es una institución internacional extendida por todo el mundo; así, también es La Media Luna Roja o El Cristal Rojo (para abarcar todas las susceptibilidades religiosas). Además, al no sufrir hoy día los países occidentales grandes guerras, desde nuestro punto de vista, nos parece que sus labores están actualmente más enfocadas a las diversas actividades humanitarias y sociales que dentro de nuestras sociedades desarrolladas se suelen presentar: la ayuda en la mitigación de la pobreza, el apoyo en catástrofes naturales o colaboraciones con la sanidad pública (recogida de donaciones de sangres o asistencias a enfermos crónicos y terminales, por ejemplo). Pero, ya sea en conflictos armados o en la paz, qué duda cabe, sus fundamentos básicos siguen siendo la ayuda humanitaria desinteresada  y el voluntariado, esa gran labor altruista que realizan miles de personas que con su actitud y disposición nos hacen, a todos, cada día más Humanos y solidarios. Como institución la Cruz Roja, a lo largo y ancho del mundo, ha recibido muchos premios y reconocimientos por su labor humanitaria y yo, como duende hispano, resaltaría el premio Príncipe de Asturias de la Cooperación Internacional del año 2012. Su sede central se ha mantenido en Ginebra (Suiza) desde aquel primer congreso, y se le considera miembro observador permanente en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).  El Día Internacional de la Cruz Roja está establecido el día 8 de mayo en honor al día de nacimiento de su impulsor, Jean Henri Dunant.

Johnny cogió su fusil.

Johnny cogió su fusil.

Bueno, hasta aquí la pequeña información preliminar que espero os haya interesado. Ahora nuestras recomendaciones de lectura y, en este caso, las mismas versiones cinematográficas. Las novelas serán, Adiós a las armas, de Ernest Hemingway (1899-1961); El paciente inglés, de Michael Ondaatje (1943- ) y Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo (1905-1976). En cuanto al cine, como hemos dicho, lo mismo: la primera versión de Adiós a las armas, de Frank Borzage, del año 1932, con Gary Cooper de protagonista; El paciente inglés, de Anthony Minghella (1934-2008), del año 1996, y la magnífica película antibelicista Johnny cogió su fusil, dirigida por Dalton Trumbo, del año 1971. Esta última película es muy dura, no es una peli para pasar un “ratico” comiendo palomitas ni para todos los públicos, sino para un público maduro y formado y, sobre todo, para hacernos reflexionar. Y, la verdad, consigue impactar en los sentimientos de los espectadores de forma magistral e inolvidable, sales del cine plano y alicaído (bueno, por lo menos un servidor. Pocas películas me han producido este estado de ánimo, ésta y tal vez El Hombre Elefante, que yo recuerde ahora mismo). Quizá, por su extrema dureza, este duende tiene la sensación que ha sido una película injustamente marginada o relegada, pues no se la repone mucho ni se habla de ella todo lo que se debería, habiendo sido una de las películas más impactantes y recordadas por muchos espectadores. En fin, que al cine, al mundillo del cine, hay que reconocerle el gran mérito de ser un instrumento de denuncia y concienciación muy válido y efectivo y no sólo de entretenimiento familiar desenfadado. Pero, a veces, tiene estas cosas de injusto y olvidadizo, ¿no? Tal vez porque a casi nadie nos gusta que nos den un palo tan marcado en nuestras conciencias.

De bien nacidos es ser agradecido.

De bien nacidos es ser agradecido.

Este duende, con sinceridad, reconoce sus limitaciones y manifiesta que no tiene la habilidad suficiente ni una prosa lo suficientemente bella y digna para alabar con justicia a la Institución de la Cruz Roja. Pero quiero que recordéis, por un momento, que desde su nacimiento han sido muchos, miles, los jóvenes voluntarios, en la flor de la vida, que se han sacrificado entregando sus vidas de forma heroica y desinteresada, ¡almas grandiosas que ya nunca se recuperarán! En acciones de guerras, en salvamentos marítimos, en epidemias, en maremotos, en casi todo momento y lugar donde había catástrofes y sufrimientos, allí estaban estos corazones nobles y amigos, ayudando y consolando, mitigando el sufrimiento, con entrega titánica y desmedido humanismo solidario. No, no perdamos la confianza en el ser humano (y ahora hablo como duende), por muchas guerras, egoísmo avaricioso y explotación destructora que practique en ocasiones, porque, si es verdad que es capaz de atrocidades mayúsculas de todo tipo, también es cierto que existe la admirada y querida Cruz Roja para recordarnos que la humanidad más noble, querida y deseada también anida en el corazón de los hombres. Todos, sin excepción, porque se lo merece de manera incuestionable, le debemos a esta Institución humanitaria y, sobre todo, a sus voluntarios, nuestro imperecedero recuerdo, el más sincero agradecimiento y nuestra más profunda admiración.

Hermosa bandera.

Hermosa bandera.

Y ya para terminar le toca el turno a nuestras sencillas tarjetas postales. Hemos seleccionado unas cuantas que creemos hacen honor al espíritu de esta institución tan magnífica y necesaria (con un poquito de humor también, claro. Este duende es incorregible). En ellas podréis ver escenas de socorrismo llevado a cabo por los voluntarios de la Cruz Roja de otras épocas y en distintas situaciones, ejemplos de la humanidad más preciosa. Como de costumbre, nuestra única intención es mostraros unas bonitas ilustraciones que os hagan pasar un rato agradable, pero en esta ocasión, por favor, no dejéis de reflexionar sobre lo importante que son para nuestras sociedades este tipo de instituciones humanitarias, que nos hacen la vida más amable y humana y siempre están cuando se las necesita y, en la medida de lo posible y según cada cual, os plantéis la posibilidad de colaborar con ella como buenamente podáis. Porque cada grano hace montón, porque agradecen de corazón toda ayuda y colaboración y porque creo, sinceramente, que os sentiréis mucho mejor con vosotros mismos cada vez que os topéis con esa hermosa bandera de la Cruz Roja sobre fondo blanco.

Pueden prohibirme seguir mi camino, pueden intentar forzar mi voluntad. Pero no pueden impedirme que, en el fondo de mi alma, elija a una o a otra.”  Henrik Johan Ibsen, poeta y dramaturgo noruego (1828-1906).