LA TARJETA POSTAL: LA ESCUELA RUSA (I).

Hola a todos.

Hoy vamos a hablar de, tal vez, de uno de los conjuntos de postales más bellos del mundo.

LA TARJETA POSTAL: LA ESCUELA RUSA (I).

 

“No es posible ver Rusia mirándola sólo con los ojos”. Proverbio ruso.

 

Novios en su nube de amor.

Novios en su nube de amor.

Una aclaración inicial. Hemos utilizado la palabra “escuela” por varios motivos: primero, porque nos gusta mucho ese vocablo; segundo, por no repetir la palabra “postal” en el enunciado, que sería lo más directo y lógico; y tercero, porque nos parece un buen término para intentar expresar un concepto global y aglutinador de la enorme riqueza ilustrativa de tarjetas postales en este gran país. Pero, que quede claro, nunca hemos pretendido que se interprete como una palabra que designe homogenización o pretenda simplificar en nada la gran variedad y riqueza existente en la tarjeta postal rusa. Dado la enorme diversidad de autores, estilos, temas y localizaciones, sería un absurdo y un gran disparate pretender algo así. El coleccionismo de tarjetas postales rusas tal vez sea, en opinión de este duende, uno de los pasatiempos más gratificantes, enriquecedores y hermosos entre todos los posibles que esta afición nos puede ofrecer. Pues si España, Alemania, Reino Unido o Francia pueden presumir de maravillosas series de tarjetas postales ilustradas, las que se pueden localizar y conseguir en Rusia (a través de internet, claro, que no es necesario comprarse un abrigo de pieles ni botas polares) no desmerecen en nada a las series de esos otros países o, en mi modesta opinión, incluso se llega a alcanzan niveles puntuales de calidad y belleza superiores. La postal rusa, para mí, sólo tiene un inconveniente a destacar: que los textos del reverso están en alfabeto cirílico y, claro, este duende no domina para nada esa escritura. Así ocurre que en ocasiones, muchas veces, no sé asociar bien el texto impreso y las ilustraciones. Pero, por descontado, decir que a pesar de este pequeño inconveniente, yo nunca renunciaré a mis queridas postales rusas y a los estupendos momentos que me proporcionan con su asombrosa belleza y enorme calidad. Aclarado este asunto, seguimos.

 

El deporte. Baloncesto.

El deporte. Baloncesto.

Rusia es el país más grande del Mundo. Tiene casi el doble de extensión que los Estados Unidos de América, que ocupa el puesto número 4 por extensión entre los países; o diremos que en Rusia cabría unas 34 veces España, que está en el puesto 52 entre los países del mundo por sus extensiones. Pero, por el contrario, por habitantes Rusia ocupa el puesto número 8 en la lista de países por población con unos 144 millones de personas, menos de la mitad que los Estados Unidos que están en torno a los 320 millones de americanos y en el puesto número 3; España se sitúa en el puesto 29 con unos 46,5 millones de habitantes. Si se tiene en cuenta la enormidad de país, la dispersión de su población y lo ralo de sus vías de comunicaciones (la aviación es un medio que prácticamente tiene cuatro días) se entiende el viejo proverbio ruso que dice: “En Rusia no hay caminos, tan solo direcciones”. De todo esto, se desprende la enorme tradición e importancia del servicio ruso de Correos. Si además se piensa que el envío de tarjetas postales siempre ha sido mucho más económico que el envío de sobres cerrados, en un país que de siempre, como dijo Putin, “es un país rico de gentes pobres”, pues eso, ya tenemos la ecuación resuelta y el resultado es la enorme riqueza y variedad, como en ningún otro lugar, del trasiego de postales rusas por su propio país y por el resto del mundo.

 

Princesa y príncipe (Valiente).

Princesa y príncipe (Valiente).

Yo, a título personal y para mi organización, suelo dividir las postales rusas en dos grandes apartado: las postales, viejas o reeditadas, de antes de la Revolución Bolchevique de 1917, y las posteriores a este histórico acontecimiento. Y esto es así principalmente por la radical diferenciación de temas que en ese momento se produce. Antes de la revolución tenemos temas muy variados como los de literatura infantil, retratos, los de hechos y batallas históricas, los de propaganda bélica zarista o los de los progresos civiles de la época. Después del año 1917 entra con fuerza y predominará, durante unos largos y duros años, un tema fundamental: la propaganda política (aquí se incluiría el culto e idealización del líder) y bélica (las hazañas y sacrificios de los revolucionarios), que el nuevo régimen bolchevique necesita y manejará masivamente y con sentido pragmático para proteger en lo posible su amenazada supervivencia. Y también, pero algo más tarde, la propaganda de los grandes logros sociales y científicos de los estados de la antigua U.R.S.S: la aviación, la conquista del espacio, etc. Aunque los comunistas también seguirán reeditando viejas postales de otros temas más inocentes y populares: los cuentos infantiles, retratos, la vieja historia de la Patria Rusia, los deportes o la postal turística.

 

Cuento de Buratino (I).

Cuento de Buratino (I).

En apartado de tarjetas postales sobre cuentos infantiles existe una gran riqueza y variedad. A mí, personalmente, me gusta mucho las series del Pinocho ruso: Buratino. Hay una hermosa serie con un cierto estilo más trabajado y naturalista, con gran fijación en los pequeños detalles, y otra serie con un Buratino más “Ninot”, de dibujo más suelto y menos resuelto, pero también con gran belleza y gracia. Os muestro ejemplos de ambos Buratinos. También son muy bellas las tarjetas postales que tocan los cuentos clásicos dónde los niños podían dejar descansar a su imaginación para contemplar directamente a los héroes, príncipes y princesas, las batallas y otras hazañas que la iniciativa infantil había retenido y soñado hasta ese momento mágico que la postal ilustrada les iluminaban. Algunos ilustradores rusos de libros infantiles y cuentos clásicos o de tarjetas postales adornaban sus dibujos con preciosos marcos ilustrados laterales en los que aparecían coloridos motivos geométricos, florales o zoomorfos; eran unas auténticas preciosidades de entregados virtuosos del dibujo que parecían recrearse y ensimismarse en exceso en su trabajo. En suma, lo que estas postales infantiles conseguían eran asombrosos milagros y felicidades sencillas que seguramente, en aquellas lejanas épocas, eran las únicas al alcance de los niños y chavales y que, con sus caritas de asombro y felicidad, harían felices por un instante mágico a sus agradecidos padres o abuelos.

 

Los cosacos del Don (de Ilya Repin).

Los cosacos del Don (de Ilya Repin).

Otro apartado a tener muy en cuenta en las postales rusas es el de las reproducciones de obras de arte de la pintura, sobre todo de la pintura que reflejaba su historia y sus personajes más ilustres. Se representan todo tipo de efemérides: hechos destacados en la historia de los zares, batallas famosas, los cosacos del Don o, en contrapunto, otros cuadros que nos mostraban otro tipo de pinturas más “pacíficas”, como chicas jóvenes con trajes típicos, enamorados, retratos, paisajes pintorescos o ciudades turísticas. Es en estas postales donde encontramos una gran representación de ese naturalismo y realismo tan característico en la pintura rusa. Obras que no escatiman en ningún momento todo tipo de detalles y matices, tanto en texturas como en los personajes (algunas de las telas que visten los personajes parece que se puedan tocar, y los estampados de las mismas están primorosamente representados por muy recargados y repetitivos que sean). Bueno, pues eso, otro apasionante capítulo de tarjetas postales que resulta muy atractivo y entretenido además de asombrosamente instructivo.

 

El líder de la patria: Vladímir Ilich Lenin.

El líder de la patria: Vladímir Ilich Lenin.

Después de la revolución rusa de 1917 será otro tipo de efemérides mucho más guerreras y dramáticas las que pasarán a ocupar la primera línea en la edición de tarjetas postales: la propaganda política y bélica. Se tienen que tener muy en cuenta que los índices de analfabetismos del pueblo ruso durante los años posteriores a la revolución y hasta la Segunda Guerra Mundial eran tremendos. Las tarjetas postales eran un medio muy barato de propaganda y tremendamente efectivo; llegaba tanto a los que sabían leer y leían el reverso como a los que no sabían y se quedaban con el mensaje claro y directo que les llegaba con la hermosa ilustración.  Tanto los hechos de combate más destacados de los revolucionarios como sus sacrificios o heroicidades pasan ahora a destacarse casi en exclusividad en la tarjeta postal junto, eso sí, con la imagen del líder revolucionario. Por ejemplo, Vladímir Ilich Lenin. El líder revolucionario no aparecerá únicamente arengando a las masas o dirigiendo las campañas y estrategias, también se le representa hablando con los niños, viajando en la máquina del tren junto a los maquinistas, codeándose con todo tipo de personajes de la intelectualidad o las artes del momento o trabajando codo con codo con los obreros. La idolatrización del líder es sistemática y masiva: Lenin es el Padrecito del Pueblo, el Salvador de la Patria, el azote de los Zares, Lenin es capaz de lo humano y lo inhumano, ¡es Dios!  Y un poco más tarde Stalin será ¡el hijo de Dios!

 

El "salvador" de la patria: Josif Stalin.

El “salvador” de la patria: Josif Stalin.

Josif Stalin, que nunca se apartó ni un milímetro de la máxima conocida de “el fin justifica los medios”, es el estadista que se mantuvo en el poder deshaciéndose de todo aquél que le contrariaba o le molestaba en sus despiadada Gran Purga Política del año 1937 (según se dice, de millones de personas), el que planeó la muerte de León Trotski en 1940, el líder que llevo al pueblo ruso a la victoria sobre Hitler y el iniciador del concepto mucho más nacionalista de “Socialismo para un único país”, concepto que fue determinante y propició la posterior Guerra Fría.  En fin, que si el personaje que consiguió todos estos logros nacionales para su país tenía alguna virtud como político y estadista, ciertamente, a occidente no nos llego nunca ese conocimiento preciso. Por aquí el concepto que se tenía de Stalin era que a lo más que se parecía era a una mala bestia parda. Pero, claro, esto nunca fue así en las tarjetas postales rusas. De nuevo se le ensalza e idolatra en la misma media desproporcionada que ya había sido utilizada con su predecesor Lenin. Miles y miles de tarjetas lo presentaran al pueblo ruso como un nuevo Guía, Salvador y Padre insustituible de la Patria.

 

Cuentos populares rusos (I).

Cuentos populares rusos (I).

Pero, como hemos apuntado, la propaganda política es sólo uno de los muchos temas destacados dentro de la rica variedad del coleccionismo de tarjetas postales rusas. Entre esta entrada de hoy y otra muy próxima, intentaré mostraros una selección variada y bella, con todo ese tipo de postales de las que hemos hablado. Ni que decir tiene que a este duende le llegan mucho más las postales de temas infantiles y de cuentos clásicos o esas otras con minuciosidad en los detalles y gran colorido. Pero esto no quita que los otros temas, los políticos y bélicos, no tenga también su gran interés y su artística belleza. Intentemos despojar a estas otras postales de sus claras interpretaciones de propaganda y de los implícitos mensajes unilaterales y quedémonos con el arte gráfico, con su perfecto dibujo, los retratos calcados o la grandiosa escenificación del momento. Si somos capaces de esto último, habremos llegado a entender la trascendencia del arte realista ruso y a valorar mucho mejor la profesionalidad y genialidad de tantos y tantos artistas que en occidente permanecen prácticamente desconocidos. Bueno, pues eso, espero haber acertado en la selección y que tengáis todos la suficiente belleza de alma para encontrársela  a su vez y sin demora alguna a estas antiguas pero magníficas postales rusas.

 

“El que no lleva la belleza dentro del alma no la encontrará en ninguna parte. Noel Clarasó, escritor español (1899-1985).

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