LA TARJETA POSTAL: EL PAÍS VASCO.

Hola a todos.

Hoy, con nuestras postales ilustradas, nos vamos de agradable viaje, pero muy cerca.

LA TARJETA POSTAL: EL PAÍS VASCO.

“- ¡Aiba Patxi, me han contao que te ha tocao cien millones en la lotería!

– Bah, lo que me  jugaba…” 

Folclore Vasco.

Folclore Vasco.

Los duendes siempre hemos tenido muy pocas vacaciones y, al paso que vamos, cada vez tendremos menos; pero a principio de la década de los 80 del siglo pasado pasé unos cinco días de vacaciones en Bilbao y desde allí recorrí la ría del Nervión hacia el mar: Barakaldo, Sestao, Portugalete, hasta Santurce (donde comí, como es tradición, unas riquísimas sardinas); crucé la ría desde Portugalete por el famoso puente colgante de Vizcaya hasta Getxo y, de regreso al gran Bilbao. Ya sé que en sólo cinco días uno no puede presumir de conocer mucho un país, que en este corto plazo de tiempo sólo se roza la epidermis a malas penas, pero es lo que había y tenías que conformarte, vacaciones cortas pero intensas y vuelta al trabajo (¡trabajo! Che, qué es eso, tú). De cualquier forma, intensas sí que fueron pues me han dejado un recuerdo imborrable del país y de sus gentes que perdura después de más de treinta años y que me hace recordar con gran cariño y añoranza aquellas cortas vacaciones. Tristemente, desde entonces la vida no me ha permitido volver por allí. No quisiera caer en tópicos pero, que nadie lo dude, quien acude al País Vasco con franqueza y amistad, con cordialidad y amabilidad será recibido, os lo garantizo. Me vais a permitir mojarme: yo sólo puedo decir, a pesar de mi corta experiencia, que los vascos son un gran pueblo, un poco exagerados eso sí, pero muy buena gente, afirmo.

Pescador vasco.

Pescador vasco.

Vivimos unos tiempos en los que todo el mundo denigra al “Nacionalismo” y, especialmente, por los hechos políticos de la historia reciente por todos conocidos, al vasco y al catalán, como si el nacionalismo fuera un mal en sí mismo. Una de las definiciones del diccionario de la lengua española de Nacionalismo es: Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece. Pues bien, en ese caso,  ¡todos somos nacionalistas! Y cuando digo todos quiero decir eso: ¡todos!, vascos, catalanes, valencianos, gallegos, castellanos, y así, sin dejarnos a nadie, hasta recorrer toda las península ibérica e islas. El nacionalismo es, en mi modesta opinión, lo más natural del mundo. Todas las personas de bien llevan en sus genes el amor por la tierra que los ha visto nacer y, en la mayoría de los casos, que los ha visto crecer. A lo largo de nuestra vida respiramos nuestros propios aromas, nos impregnamos por todos nuestros poros de los efluvios del terruño y compartimos emociones con nuestros paisanos: ¡cómo no vamos a ser nacionalistas y a querer lo que nos hace ser lo que realmente somos! No, los nacionalismos no son un mal en sí mismos. Lo son cuando intervienen los políticos de varios Nacionalismos y sus intereses creados enfrentados, que suelen ser de índole económica en la mayoría de las ocasiones. Y así, pienso, se nos suele inducir y encauzar a unos conflictos y desencuentros que no suelen tener, siempre o casi siempre, nada que ver con el pueblo llano, que ni imaginar sabe de esos niveles de poder. Parece uno observar, sin ser ningún experto, que a épocas de mayores crisis sociales, mayor sentimiento nacionalista; es decir, mas descontento económico igual a mayores reivindicaciones nacionalistas. Esto, particularmente y que nadie se moleste, me parece de una manifiesta mediocridad política que no nos puede llevar a nada bueno, sólo a fomentar la intransigencia e intolerancia más radical e irracional entre las buenas gentes.

Partida de pelota en el frontón.

Partida de pelota en el frontón.

Alguien dijo que habían tres cuestiones importantes en la vida que no se debían imponer por la fuerza (y digo “debían” porque la historia nos ha demostrado que sí se ha podido, con resultados dramáticos y catastróficos en la mayoría de las ocasiones): El amor, la fe y la patria. No nos dejemos manipular y pensemos que el Nacionalismo bien entendido es una cuestión personal e interior de cada uno, que en todo momento hay que respetar si queremos a su vez ser respetados. Que cada cual, dentro de esta piel de toro nuestra, se sienta del país que lleve en el corazón y no seamos retorcidos ni arrogantes buscándole malas interpretaciones a los otros nacionalismos y limitémonos a respetarnos y aceptarnos todos como somos porque, al fin y al cabo, todas las personas (y los duendes) deseamos lo mismo en esta corta vida, seamos del país que seamos: ser felices y ver felices a los nuestros, en paz y armonía.

Arriero vasco en el trajín.

Arriero vasco en el trajín.

Cuando Patxi, Joseba o Begoña vienen a las costas del Mediterráneo a disfrutar del buen tiempo y del sol, terminan yendo a comer y a compartir su sincera alegría a una de las decenas de peñas del Athletic de Bilbao de por aquí. Con cordialidad y amistad son atendidos por el tío Tonet y servidos por Curro (aunque uno es del Valencia FC y el otro del Real Betis; se les disculpa, vamos). Se tiran entre pecho y espalda una sabrosa “paellica” de mariscos de la bahía de Santa Pola, la suelen acompañar con buenos vinos de Utiel-Requena o un peleón de Jumilla y terminamos todos partiéndonos de risa con chistes de baturricos, de Lepe, de vascos o de Gila: ¡Qué sencilla nos parece la vida y qué bien nos lo pasamos todos juntos! Por mi parte, espero que algún día pueda volver a disfrutar de sentir la felicidad de pasear por el caso viejo de Bilbao yendo de “pinchos” y Txacolí de Getaria, volver a emocionarme con los Dantzaris y los txistularis, y reírme hasta troncharme el esqueleto con los chistes de estos vascos cojonudos. Por cierto, sabéis ese de la lotería…

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